Desde el Museo / enero (quincena 2)

 
 
Publicado en la edición 406, enero 31 de 2010
 
   
 
 
   
 
Metamorfosis
 
   
 
Con el control riguroso de una lógica sutil, Negret logra inducir la intuición de que la obra está abierta al desarrollo
 
   
 
 
   
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
 
 
La obra de Édgar Negret (Popayán, 1920) manifiesta la condición paradójica de la vida y de la existencia humana, moviéndose con una consciente ambivalencia entre la racionalidad y la intuición sensible.
Entre las muchas y muy interesantes esculturas que enriquecen el espacio público de Medellín, merece una consideración especial la obra “Metamorfosis”, instalada junto al ingreso del Edificio Novatempo, en la Avenida El Poblado, que Negret creó en 1982. La pieza, de 120 por 400 por 150 centímetros, está compuesta por un conjunto de placas de aluminio pintado, unidas entre sí por pernos y tornillos que están a la vista.
En apariencia, podría creerse que se trata de unas formas que se repiten más o menos esquemáticamente. Sin embargo, como lo quiere insinuar el nombre mismo de la obra, esas formas cambian sutilmente, sometidas a una leve pero real metamorfosis. Por eso, a pesar de sus estructura geométrica y metalmecánica, no percibimos que estemos ante una máquina sino, mejor, ante algo que se parece más a un animal, una especie de ser vivo que despliega su potencial orgánico.
En otras palabras, “Metamorfosis” no se limita a ser una masa estática que interrumpe el espacio con su pesada presencia. Al contrario, a medida que la recorremos tenemos la impresión de que sus formas y los vacíos que ellas generan crecen en un espacio que, a su vez, se despliega ante nosotros por la existencia de la obra que lo habita. Con el control riguroso de una lógica sutil, Negret logra inducir la intuición de que la obra está abierta al desarrollo, que no está terminada sino que, al menos en sentido temporal, es una parte, un fragmento de un proceso más amplio.
Este juego de intuiciones nos vincula simultáneamente con el espacio y con el tiempo y hace posible que, como algunos han señalado, las obras de Édgar Negret se ubiquen en una especie de intermedio entre la escultura y la música. Por eso, el intento de expresar en palabras la experiencia de un trabajo como “Metamorfosis” nos lleva casi naturalmente a reconocer valores rítmicos, de acentos y contrapuntos, de repetición y variación de temas, como si esta escultura fuera una pieza para oír con los ojos.
Édgar Negret ha sido calificado muchas veces como el más grande escultor colombiano –e incluso latinoamericano– de su tiempo y como el principal maestro de las generaciones posteriores. Ello se debe, tal vez, a su capacidad de descubrir tan lúcidamente las conexiones entre razón y vitalidad orgánica.