Derecho a soñar

     

    Derecho a soñar

     
     

    Muchas veces lo hemos dicho en estas páginas, la idea de hacer una ciudad como la que imaginamos llena de espacios graciosos donde los ciudadanos disfruten del placer de estar ahí, no se le puede pedir a otras personas distintas que a nosotros. Hay que creer que vivir en una ciudad donde los niños y los ancianos, los limitados, los peatones y los ciclistas tengan cupo es posible.

    Tenemos derecho a imaginar una ciudad donde los jóvenes encuentren espacios para pensar su futuro, donde la educación no solo sea un derecho sino también un placer, es responsabilidad de nosotros como ciudadanos.

    Amamos ciudades extranjeras. Soñamos con visitarlas y nos atrae sobremanera el orden y los espacios con que ciudadanos de otras latitudes amanecen. Pero ¿por qué no pedirlas también como un derecho para nosotros? Tenemos en nuestras manos el mejor instrumento para hacer que la ciudad cambie y para vivir en esa ciudad soñada: votar a conciencia. Se demostró que la plata del municipio alcanza, solo faltaba rigor, disciplina y visión para hacerla rendir. Y eso también lo podemos exigir. Los programas de gobierno deben garantizar que lo hecho bien se mantenga y que lo que deba continuarse se continúe. París alguna vez también fue un sueño.