Democracia no es un juego de azar

     
     

    Democracia no es un juego de azar 

     
       
     

    Recientemente un colega periodista se declaró públicamente defensor de las teorías de uno de los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Lo dijo a todo pulmón y completó la frase con un temerario “y no me da pena”. Los allí presentes, en su mayoría simpatizantes del candidato oferente, celebraron la gracia del periodista, y acto seguido fuimos increpados por nuestras simpatías. Nuestra respuesta fue idéntica a la que dimos hace 4, hace 8, hace 12 años: nuestras simpatías son por Medellín y no por un candidato en particular. No creemos correcto que las simpatías personales se entrometan en nuestra labor de informar.
    Esta anécdota, aparentemente insubstancial, da cuenta de un peligro y un juego en el que entran los medios de comunicación al manifestar sus querencias o sus odios por tal o cual candidato, olvidándose de su deber ser: dar información a los ciudadanos.
    La competencia por ocupar cargos públicos no debe ser simplemente una carrera para ganar una posición, sino para servir. El periodista y el medio de comunicación tienen unas funciones y unas tareas propias en este debate y ellas deben estar ajenas a la exposición de sus simpatías particulares, a menos que quien opine lo haga en su propio nombre.
    Igualmente, es menester de los aspirantes entender que las maneras como determinados columnistas o informaciones no les son beneficiosas, están ahí para ayudarle al ciudadano a formar su propio criterio, el cual se construye como una sumatoria de su experiencia como vecino con los distintos puntos de vista que manifiestan los columnistas y que los propios candidatos expresan, para lo cual, los medios deberían estar abiertos de par en par para recibir todas sus propuestas.
    Con un panorama como el planteado, que sería el ideal, el ciudadano construye su propia opinión y entonces así, vota conscientemente por quien representa lo que él cree es lo mejor para la ciudad y no por aquel que cree vaya a ganar o por quien evitará que otro gane las elecciones. De esta manera la que termina ganando finalmente es la democracia y eso siempre será bueno para la ciudad.
    Por eso nos ufanamos públicamente de tener abiertas las puertas de Vivir en El Poblado a todos los candidatos para que expresen sus opiniones, para que traten de convencer al electorado, para que planteen la ciudad del futuro. Nuestro afecto es por Medellín y porque sea mejor trabajamos incansablemente.