De muy buen sabor

 

 
 De muy buen sabor


Recados e intrigas

En los años que llevo escribiendo esta columna son muchas y variadas las satisfacciones que he tenido por haber logrado que muchas recetas de cocineros y cocineras desconocidas se hayan convertido en “estrellas del buen sabor” con reconocimiento de un amplio público. En otras palabras, me regodeo de saber que hoy existen empanaditas, buñuelos, chorizos, papas rellenas, milhojas, morcillas, dulces de fruta, confites, panes, ajíes, encurtidos, mermeladas, jaleas, mieles, quesos, mojicones, panderos, arepas, pasteles, merengues, galletas y un etcétera de mil sabores y consistencias a los que por haberles dedicado una cuartillas recomendando su calidad, se han convertido, si no en panacea, al menos han transformado de alguna manera la economía de sus creadores. La mayoría de ellos me los he encontrado gracias a mi curiosidad de viajera con hambruna permanente, la cual me pone a mirar con ojos y estómago cuanto ventorrillo de comida se me atraviese, bien en mis paseos por esta ciudad, o bien, en cualquier pueblo del mundo. Nada que me guste más que encontrarme de sopetón en una tienda de esquina con un sabor que mi memoria gustativa jamás había registrado, pues de inmediato pienso en pregonarlo por escrito.

Pero la verdad sea dicha, no todas mis recomendaciones son el resultado de pesquisas fortuitas, ya que debo de reconocer como con gran frecuencia llegan a mi escritorio del periódico paquetes cuyo contenido siempre presenta una elogiosa carta a mi columnacomplementada con una solicitud a degustar el envío y a que escriba mis opiniones sobre el mismo. Y más de una vez lo he hecho con todo gusto, convencida de sus cualidades gustativas. Pues bien, mis comentarios de hoy obedecen a un recado telefónico que me dejó mi jefe (el Director) solicitándome abrir la nevera del periódico con el fin de que probara dos regalitos que unas amigas le habían enviado. Adoro atracar neveras …¡y que atracada me pegué! Pues allí donde siempre estaba acostumbrada a encontrar tres botellas con agua, un litro de soda y dos yogures, ante mis ojos aparecieron cinco suculentas tartaletas de frutas cada una con relleno diferente y una señora tajada de bizcocho negro de impecable presencia. Eran las 2 de la tarde, y si bien había almorzado en mi casa convenientemente, salí sin probar bocado de postre, razón por la cual ante el repertorio de sabores que tenía, me preparé una deliciosa taza de café negro y me entregué cual niña glotona a disfrutar de aquellos manjares. Entre bocadito y bocadito probé tartaleta de ricota y guayaba, tartaleta de agraz, tartaleta de uchuva, tartaleta de papayuela y coco y tartaleta de melocotón y ricota. Difícil tomar partido por alguna de ellas. Todas deliciosas y con excelente masa crocante. Ideales para acompañar con copa de vino blanco. En cuanto al bizcocho negro, me lo devoré con vaso de leche en las horas de la noche: desde mis años de primera comunión no probaba algo tan gustoso. ¡Qué cubierta azucarada tan equilibrada! ¡Quéfrutas caladas tan deliciosas y qué buen punto de licor!

En los 16 años del periódico nunca había disfrutado de tan deliciosos postres. Espero que las amigas del Director continúen mandando sus muestras y haciendo estas intrigas para que yo escriba sobre ellas, pues aunque no las conozco, debo reconocer que tienen mano de repostera austríaca. Tengo entendido que las tartaletas las hace Luz Marina y se consiguen por encargo en el teléfono 311 3175y el bizcocho negro lo hace María Victoria y se encarga al teléfono 268 5974. Creo que con intrigas de esta calidad, no tendré que salir a rebuscarme mi columna y la nevera de nuestro periódico se mantendrá surtida como vitrina de repostería europea.