De lo que hay que hablar

    De lo que hay que hablar
    Una de las cosas buenas que tiene esta época de campaña política y de búsqueda desesperada de apoyos y de votos, es que se habla mucho de la ciudad, de cómo es y de cómo nos gustaría que fuera. Esas discusiones no siempre tienen el nivel que se esperaría cuando se hace conciencia de que lo que está en juego es el destino de dos millones de personas. Sin embargo, a veces sí se habla de lo que hay que hablar.
    Por ejemplo, en las últimas semanas se ha hablado mucho de valorización y de los cambios que traerá el puente de la 4Sur como vía de entrada a El Poblado y de conexión entre el Valle del Aburrá y los municipios del oriente. Y de la mano de este tipo de discusiones, generalmente se llega a los programas de gobierno, todos llenos de obras por construir y de planes por ejecutar. Todos muy llenos de eso que tanto nos gusta a los antioqueños: las cosas prácticas, lo tangible, lo que podemos calcular cuánto vale y proyectar cómo va a quedar. Pero también todos esos planes son muy llamativos por lo que dejan de lado, por lo que no dicen, por lo intangible, tantas veces mucho más importante que la contabilidad de monedas y ladrillos.
    Nos referimos a que en esas discusiones se habla mucho de la ciudad y de cómo queremos que sea y de cómo va a quedar de buena dentro de cuatro años, pero poco se habla de nosotros, de la gente, de los que vivimos, disfrutamos y padecemos la ciudad. Da la impresión de que nos importa mucho lo que pase con las cosas pero no tanto lo que pase con las personas.
    ¿Cuántas personas en El Poblado toman pastillas para dormir porque los problemas de la vida diaria les dificultan conciliar el sueño? ¿Cuántos muchachos de El Poblado que crecen con muchas más y mejores oportunidades que sus pares de otras partes de la ciudad valoran eso y le sacan el mayor provecho posible? ¿Cuántos padres saben cómo va la vida de sus hijos, qué les gustaría ser en la vida, a qué le tienen miedo? ¿Cuántos mafiosos y delincuentes viven entre nosotros, intimidando con sus parrandas, sus carros y su actitud de matones? ¿Cuántas personas se han enfermado en el último año por la mala calidad de nuestro aire? ¿Cuánta gente está trabajando en El Poblado en este momento para mejorar el mundo?
    Bueno, se podría hacer una lista muy larga de cosas que son más importantes en nuestras vidas que las cosas que se discuten por estos días en que se planea y se decide el futuro colectivo. Queremos llamar la atención ahora, antes del veredicto de las urnas y de que las promesas se vuelvan obligación legal, para parar un momento y pensar en qué podemos hacer para mejorar esta ciudad y con ella la vida de los que la habitamos, pues, creemos, de eso es finalmente de lo que se trata todo esto.