De la participación al fenómeno nimby

Son ciudadanos que preocupados por daños o perjuicios económicos a su propiedad o por riesgos medioambientales le dicen “fuera de aquí” a todo tipo de proyectos
El análisis lo planteó esta semana el concejal de Medellín y urbanista de Urbam Eafit, Daniel Carvalho, sobre el fenómeno Nimby en esta ciudad. “¿Interés, hipocresía?”, preguntó.

El término, derivado del “not in my back yard”, “no en mi patio”, se popularizó en los 80 y califica a ciudadanos que preocupados por presuntos o posibles daños o perjuicios económicos a su propiedad o por riesgos medioambientales dicen “fuera de aquí”.

Carvalho abre el tema por lo vivido en Parques del Río, pero esta ciudad ya tiene su cola en los “fuera de aquí”: la ampliación de la 34, obra clave de la Valorización, el metroplús de Envigado y, una década atrás, el proyecto de teatro de la Filarmónica entre Los Balsos y Los González, rechazado por “ruido, parqueo, vendedores de chicles y ladrones”.

Al nimby poco se le escapa: ni una transversal entre la Inferior y la 43A, en El Poblado, donde la ciudadanía pide más vías; ni un sistema de transporte masivo, que descargaría de buses la 43A; ni un proyecto de música de alta factura. Por vías similares se truncó la Obra 500.

Por supuesto, y en especial en los proyectos públicos y los manejos habituales del Municipio, las obras no suelen ser un modelo de eficiencia, calidad o rigor, pero el estilo nimby va a extremos.
Ve en equipamientos, infraestructuras o servicios, factores de incomodidad, peligro o desagrado, sin medir el efecto general, por ejemplo congestionar el sistema judicial y llevar obras públicas casi terminadas a una marea de despachos, funcionarios y escritorios; un nimby dice no, “aquí no”, y no ofrece soluciones; o, así como dice no, también quiere decidir el dónde sí, sin bases financieras, técnicas o catastrales. Para sumar, encuentra como aliados a abogados que traducen las acciones populares en oportunidad de negocio. Viven de eso.

Al decir “aquí no” y apoyados por el sistema toman volumen, cuando en realidad son voces, valiosas, necesarias, pero al fin y al cabo voces que no hallan contrapeso en ciudadanos que entienden el valor de los proyectos sin prejuicios y no se animan a expresar “sí, aquí sí”.

En cada nimby, explicable en el miedo de unos pocos al cambio y el anhelo de perpetuar paisajes y una presunta comodidad, no están bien medidos los intereses particular y general frente al desarrollo de una ciudad. Entretanto, ¿tiene peso la voz de los yimbi, los que dicen “yes in my back yard”? ¿Se quieren hacer escuchar y alguien los quiere escuchar?