De cara al Bicentenario

  
   
 
 
   
 “El Bicentenario es una oportunidad excelente para volver a mirar lo que fue el origen de nuestras naciones modernas y para hacer un balance de lo que hemos hecho bien y hemos hecho mal en estos 200 años. La verdad es que los ideales de la Independencia fueron muy altos, los sueños que acunaron los libertadores de estas tierras fueron muy ambiciosos. Por ejemplo, hablar a fines del siglo 18 en Francia de libertad, igualdad y fraternidad era acá muy ambicioso en una sociedad muy fraccionada, donde había aristócratas, pueblo llano, donde había grandes fortunas, nobleza hereditaria y restricciones sobre la sociedad. Hablar de igualdad cuando había tantas estratificaciones de la sociedad europea era muy ambicioso y hablar de fraternidad cuando había tantos odios acumulados y tantos desencuentros era muy ambicioso. Pero era mucho más ambicioso mencionar esas tres palabras en la América de finales del siglo 16 porque aquí había indígenas a los que se les había negado su condición humana, había esclavos –que en ese tiempo en Europa no los había; es decir, la Revolución Francesa no luchaba contra la esclavitud porque no había esclavitud en Europa, no luchaba contra la discriminación de los indígenas porque no había indígenas en Europa…”.

El valor de la Independencia
“…Esa lucha de los libertadores era al mismo tiempo una lucha por la independencia contra España, una lucha por la igualdad, contra la esclavitud, contra la discriminación racial; era mucho más compleja la lucha en América. Es asombroso que en épocas en que apenas nacía la idea de la República en Europa, ya algunos hubieran concebido la posibilidad de repúblicas, de construir democracias en América. La verdad es que la democracia, que había sido inventada por los griegos hacía mucho tiempo, renació en el mundo en América, porque aun la Revolución Francesa se inspiró de la Independencia de los Estados Unidos y la Declaración de los Derechos del Hombre fue una recreación americana.
Nosotros olvidamos que fuimos pioneros de muchas cosas. De la lucha por la república fuimos pioneros, hubo repúblicas primero en América que en muchas regiones de Europa. No lo hemos logrado, ha sido muy difícil, era más difícil que en Europa, era más difícil superar aquí tantas intolerancias, tantas estratificaciones heredadas, e infortunadamente los criollos que heredaron el poder en estas repúblicas muchas veces discriminaron más a los indígenas y a los esclavos que los propios españoles…”.

Frente al futuro
“…Nosotros tenemos, pues, que hacer el balance de todo eso, medir la enormidad de los sueños y compararlo con los resultados para ver qué balance arroja. También creo que muchos de esos sueños son todavía deudas pendientes de nuestra cultura y recordarlo puede ayudarnos a que crezcan generaciones capaces de proponerse nuevamente grandes tareas históricas. Yo creo que la celebración del Bicentenario de la Independencia no puede limitarse a una mera enumeración de hechos del pasado; es la deuda nuestra con el presente, con nuestras tareas presentes, y una oportunidad de soñar todo lo que podemos llegar a ser en países que ya han demostrado tener una amplitud de miradas y ser capaces de proponerse tareas que parecían ir más allá de sus limitaciones históricas”.