Cuidar la mascota con responsabilidad

   
  
   
 La convivencia de una urbanización no sólo se altera por las rumbas del vecino, los propietarios que suman mascotas a sus familias sin pensar en las consecuencias, el tiempo que realmente tienen disponible, o la forma en que perjudica a la comunidad, descomponen el desarrollo colectivo y en ocasiones desconocen la reglamentación que existe para tener animales en hogares. Al menos así lo dejan ver los comentarios que llegan a la Línea 312 de Vivir en El Poblado, relacionados casi siempre con perros y gatos, pero también con gallos, loros y otras mascotas menos comunes.
En un reciente encuentro convocado por Asurbe, Asociación de Propietarios, Arrendatarios y Administradores de Propiedad Horizontal de Colombia, con la presencia de la Inspección Ambiental de la Secretaría de Gobierno que funciona desde febrero del presente año, entre otras autoridades ambientales, expusieron las normas y trataron de concientizar a las administraciones para que controlen internamente los inconvenientes con los animales de compañía. “El objetivo fue sensibilizar porque la gente toma partido. Deben entender que la fuente del conflicto no es el animal sino la persona en caso de que no lo tenga de manera responsable. Para tener una mascota hay que tener objetivos claros, características del apartamento, zonas comunes, tipo de animal y pensar si de verdad tenemos la disponibilidad para darle todos los cuidados que necesita”, afirmó Alfonso Álvarez López, Director Ejecutivo de Asurbe.

Protección y respeto
Estos son dos elementos vitales para la buena convivencia con los vecinos y para el bienestar del animal. Según Mónica Jaramillo, Inspectora Ambiental del Municipio, “las urbanizaciones tienen cierta autonomía con su reglamento de convivencia, que votan en asamblea siempre y cuando no exceda la ley. Nosotros estamos haciendo un acompañamiento permanente con ellos y con Asurbe, les dimos ideas como que en las unidades tengan el día de los animales de compañía, que inviten a veterinarios y sensibilicen a las personas para mantener perros y demás mascotas en buenas condiciones”.
Sobre el control y vigilancia de perros en copropiedades, la Ordenanza 18 de 2002 establece la prohibición de razas como Rottweiler, Doberman, Pitbull, Staffordshire y Bull Terrier dentro de unidades residenciales, sin embargo la Ley 746, superior a la Ordenanza, argumenta que dichas razas sí pueden estar, siempre y cuando sus propietarios los saquen con bozal y traílla, ya que en caso de un ataque a un humano el animal será decomisado y si provoca lesiones permanentes puede ser sacrificado.
También los dueños deben cumplir con recoger excrementos, vacunarlos periódicamente, darles el mejor trato y vigilar posibles eventos de agresividad, medidas que la Inspección solicita a las administraciones para que lleven un primer control, antes de ser notificados para establecer las multas.

Problema de ruido
Otro asunto que desvela a algunos residentes son los perros que ladran constantemente, algunos lo hacen por varias horas, incluso días, cuando los dejan solos y encerrados mientras sus amos se van de paseo. Irene Villa, habitante de San Lucas, dijo que “en mi urbanización ya no aguantamos más porque cerca hay un perro que ladra y chilla toda la noche y no deja dormir, parece de pilas y le provoca a uno bajar a quitárselas”, comentó.
Alfonso Álvarez, de Asurbe, expresó que “hay que ser conscientes de que las mascotas necesitan tiempo y no se pueden dejar solas. Si un perro ladra mucho la solución no puede ser taparle la boca porque puede estar enfermo”.
Al respecto, la inspectora Jaramillo dijo que “es un asunto complejo porque el ruido no es continuo sino por momentos, y para que nosotros podamos tomar alguna medida debemos hacer mediciones y tener varias pruebas. Muchas veces que visitamos es capricho de vecinos, pero cuando el ruido es real y perjudica a la comunidad, lo que hacemos es llevar al animal a un veterinario para que dé recomendaciones técnicas para que cambie su comportamiento. Una vez con un gallo sirvió que pedimos que le construyeran una casita oscura y aislada para las noches, que funcionó porque no sentía presencia de otros animales y dejó de hacer bulla”.