Cuento I

Por Alejandra Martínez / Punto y lolas
Por Alejandra Martínez / Punto y lolas

La gente admiró su iniciativa y él les aseguró que este dinero sí iba a los más necesitados porque lo haría a través de una fundación enfocada en ayudar a niños.

Alguna vez un amigo de una amiga se aventuró a vender zapatos con el fin de donar un porcentaje de cada venta para ayudar a quienes no tenían un par. Al contar que la donación por cada compra era tan alta, el amigo de mi amiga recibió mucho más apoyo y su campaña se hizo visible en todos los medios. La gente admiró su iniciativa y él les aseguró que este dinero sí iba a los más necesitados porque lo haría a través de una fundación enfocada en ayudar a niños sin zapatos en el mundo, la cual certificó su donación.

La gente estuvo tan agradecida con el apoyo que dio, que cada año se sumaban más y más marcas a apoyar la fundación. Lo curioso era que el problema pasaba a un segundo plano. Ya no se hablaba tanto de los niños que debían andar descalzos hasta llegar a sus escuelas y sufrían heridas en sus pies, sino de las bondades de la fundación.

Entonces comenzaron a llevar zapatos estampados en sus camisetas como símbolo de apoyo, pero esos zapatos no eran cualquier zapato sino una pieza insignia que era logo de esta fundación. Y así se fue yendo. Terminó siendo todo un movimiento de personas que cada año usaban todo tipo de prendas con estampados de ese mismo zapato. Y llegó a ser tan importante esta fundación que hicieron un carro en forma de zapato para conmemorar la cantidad de niños muertos en el mundo por falta de zapatos. Pero ese zapato no era un zapato normal, era el logo de la fundación.

Y entonces cada año ya no se hablaba del problema sino de las nuevas marcas que se unían y demás extravagancias que surgían a partir del problema. Había personas que se disfrazaban del zapato de la fundación y otras que se lo tatuaban. Ya no sabían qué significaba ese zapato o cuál era el problema. Todos asistían sin cuestionarlo. Y a cada persona que se unía a esta marcha de gentes vestidas de zapato, se les ponía un sticker de carita feliz en el pecho. El dueño de la fundación tenía la máquina de stickers en casa.

Entonces caminaban en procesión los zapatos llenos de stickers de carita feliz que se tomaban selfies y subían sus fotos a redes sociales. Muchos hasta caminaban descalzos para simular los niños del mundo sin zapatos. Lloraban y se pintaban sangre en los pies como si fueran mártires y eran consentidos y abrazados como si por dejar sus Adidas en casa estuvieran solucionando el problema.

Muchos otros fueron contratados para que en redes usaran prendas con el zapato del logo de la fundación con excusa de promover el apoyo a los niños sin zapatos, pero en realidad el único requisito del post era utilizar su hashtag y etiquetarlos.

Al final, las marchas fueron multitudinarias y sin sentido. Se podían encontrar personas repartiendo agua en forma de zapato, pero no de un zapato normal sino el logo de la fundación. Y tomaban fotos y bailaban y corrían en sus zapatos cómodos hasta que se cansaban y regresaban a casa en sus carros.

Y en los semáforos se les acercaban niños sin zapatos pidiéndoles dinero o vendiéndoles algún dulce, para así poder tener qué comer y comprar un par de zapatos, pero todos aceleraron en cuanto el semáforo cambió de rojo a verde.