Contra toda evidencia, pero certificados

Ni más ni menos, este hipotético caso es equivalente a lo que ocurre con el famoso certificado de gases para vehículos. Si yo tengo mi carrito perfectamente bien mantenido, sincronizado hasta el extremo, sin la más leve emisión de humo, pero no tengo certificado (o digamos, se acaba de vencer), es altamente probable que seré detectado por algún guarda que me aplicará con todo rigor las multas y sanciones vigentes. ¡Con todo derecho!, ¡ni más faltaba!

Pero si yo voy por la Avenida El Poblado en una volqueta modelo 65, seguido por una negra y maloliente estela de humo, en el caso –muy improbable, ya lo sé- de ser detenido por un guarda de tránsito, le mostraré triunfal mi flamante certificado de gases y en 30 segundos habré seguido mi humeante camino. A lo mejor cuando me lo expidieron, justo en ese momento, mi volqueta no produjo humos, de modo que todo fue perfectamente legal. No es necesario suponer algo ilegal en esta situación, aunque casos se dan.

Debe ser que cuando uno se vuelve Alcalde o Secretario de Tránsito la vista y el olfato se afectan seriamente. Porque es imposible que estos caballeros y sus equipos de trabajo, si circulan diariamente por las calles de Medellín, no sean testigos directos –y víctimas, no sobra decirlo- de la enorme cantidad de vehículos de todo pelambre, sin olvidar las motos, que contaminan el ambiente de la manera más impune, delante (¡y dentro!) de nuestras propias narices.

No puede ser difícil para un Alcalde o Secretario de Tránsito (digo, unos que realmente, seriamente, quieran mejorar la calidad del aire en la ciudad), disponer de unas cuantas parejas de guardas dotados de equipos portátiles, sencillos y muy baratos, que analizan las emisiones de humo “in situ”. Es decir, que al parar a un posible infractor, en menos de dos minutos se determina si sus emisiones superan los niveles permitidos. Y se emite el comparendo, y ¡a pagar! Nada nuevo, de hecho en numerosas ciudades de América Latina es de uso normal.

Bastaría con ubicarlos en algunos cruces (con buena pendiente, para que sea más evidente el pecado) en lomas de El Poblado y otros barrios de la ciudad. Si hay gente disponible 4 horas al día para controlar el pico y placa y capturar en “flagrancia” a esos despistados, tiene que haberla para controlar la -esta sí enorme- cantidad de vehículos altamente contaminantes. Que sí nos reducen notablemente la calidad de vida a todos los habitantes de Medellín.

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