“Construir por valorización vale la pena”

 
 
   
 
Gustavo Torres, habitante del barrio El Tesoro La Virgen, y Álvaro Echeverría, con propiedades por El Tesoro, participaron a mediados de los años 90 y durante tres años en la Junta de Representantes de los Propietarios afectados por la construcción de la obra conocida como 607, carretera El Tesoro Los Balsos.
Gustavo Torres recuerda que la obra tuvo una gran oposición de muchos de los habitantes, tanto de estratos bajos como altos. “Los estratos altos se oponen por avaricia y los bajos por ignorancia”, afirma. Hoy tiene claro que valió la pena construir la obra, pues la necesitaba todo El Poblado. “Aunque los estratos 2 y 3 no tuvimos que pagar valorización, había que luchar para que nos hicieran el acueducto que no teníamos. Además nos benefició porque antes estábamos aislados de Medellín y embotellados, no teníamos transporte ni acueducto”. Su consejo hoy es que la comunidad no se oponga al progreso que significarán las nuevas vías y que se contemple eximir del pago también al estrato 4.
Por su parte, Álvaro Echeverría, quien fue presidente de esta Junta de Representantes de los Propietarios, recuerda que fue un trabajo arduo de tres años. “Al principio hubo bastante oposición de algunos sectores de la comunidad que no entendían muy bien cuál era el criterio y la filosofía de una obra hecha por valorización”.

¿Cuál era esa filosofía?
La filosofía que nos tocó vender era que las mejores obras de comunicación en Medellín se habían hecho por el sistema de valorización y que era un negocio de gana gana, porque ganaba la comunidad y los dueños de los predios que se valorizaban considerablemente.

¿Cuál fue el trabajo suyo y de la Junta ?
Debíamos mirar y aprobar los estudios hechos por el Municipio. Todo se hizo con las recomendaciones y aprobación de la Junta: la estratificación, la forma de pago, inclusive nos tocaba solucionar problemas específicos de personas que en teoría tenían capacidad de pago pero que en realidad no la tenían, así como casos en que la obra aparentemente beneficiaba al propietario pero en la práctica no lo favorecía. Hubo un contacto muy cercano con la comunidad.

¿Valió la pena?
Todo el mundo quedó contento con los resultados de la obra y sus beneficios se ven, aunque pasa lo de siempre: ya la obra nos quedó chiquita.

¿Cómo fue la participación de la comunidad?
Las comunidades menos pudientes fueron las que participaron más activamente. Con ese fervor comunitario uno se entusiasma y se motiva a trabajar más por ellos. Por ejemplo, nos dimos cuenta que la intervención de la quebrada La Volcana iba a dañar el acueducto de unos barrios que había más abajo. Nosotros presionamos para que Empresas Públicas les construyera un acueducto bien hecho y esas comunidades quedaron muy satisfechas y agradecidas con la obra.

¿Qué consejo da a quienes van a estar al frente del nuevo proceso de contribución por valorización?
Que se aproveche la experiencia acumulada, porque Medellín fue un pionero en obras de valorización en Colombia. Obviamente hay que tener en cuenta la situación actual, porque la dinámica económica y de los negocios es muy distinta.

¿Cree que son necesarios los 22 proyectos viales que se planean construir en El Poblado por el sistema de valorización?
Se necesitan, pero si seguimos llenándonos de carros, dentro de 20 años vamos a estar igual. Medellín es un hueco donde no va a haber donde construir mas vías. La solución es a más largo plazo y es cultural y educativa, porque aquí una señora va a dos cuadras a comprar el pan y se quiere ir en el carro y parquear al frente de la panadería, y hay familias hasta con cinco carros. Esa es la costumbre que hay que demeritar. ¿Entonces vamos a tener que hacer vías de dos pisos, como dijo un candidato a la Alcaldía, y cuando se cope el segundo piso vamos a tener que hacer un tercero? No. Eduquemos y aprendamos de las ciudades europeas.