Colombia profunda

Hay que agradecer al Grupo Éxito, financiador y promotor del proyecto, el que contemos ahora con otro tema de conversación y otra posibilidad de mostrar al mundo, sin maquillaje, una de las múltiples caras del país. La más hermosa, la más gratuita
/ Etcétera. Adriana Mejía

Vi Colombia: magia salvaje al día siguiente de su estreno y ya me parecía que llegaba tarde. Por tres motivos: me fascina el cine documental –más si la naturaleza es protagonista-, procuro no perderme ninguna producción colombiana –a veces por pura solidaridad, pero casi siempre por disfrute, tenemos directores que nos han hecho reencontrar con el séptimo arte-, y no pude permanecer indiferente ante las expectativas creadas por la suculenta campaña previa a la premier.

El viaje fue “de película”. En especial porque sobrevolé en drones y helicópteros un territorio desconocido. Entre otras cosas, porque el conflicto armado en el que, como millones de compatriotas nací y crecí, me lo ha impedido explorar. Los tesoros que la geografía y la biología nos regalaron a manos llenas, la violencia y la ausencia del Estado en las regiones apartadas los tienen, literalmente, en poder de la manigua a la que Arturo Cova nos introdujo en La Vorágine… “Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia…”. (De ahí hacia adelante todo fue selva). O en manos de depredadores de variadas pelambres, tan ambiciosos como inconscientes, cuya consigna parece ser el grito de guerra: tierra arrasada.

Pero, bueno, el asunto que nos ocupa hoy y nos convoca en salas de cine de todo el país desde hace semanas, es de los pocos que tenemos para celebrar en estos tiempos preelectorales marcados por la crispación y la polarización. Por eso, sin pudores comerciales, hay que agradecer al Grupo Éxito, financiador y promotor del proyecto, el que contemos ahora con otro tema de conversación y otra posibilidad de mostrar al mundo, sin maquillaje, una de las múltiples caras del país. La más hermosa, la más gratuita –nada hemos hecho para merecerla, tal vez por eso no la valoramos-, la más incontaminada. ¿Hasta cuándo?

Si los críticos no le han otorgado cinco estrellas a estos noventa minutos espectaculares, tiene que ser porque andan en busca de la escurridiza perfección.

El diablo está en los detalles, dicen. Y Magia Salvaje no es la excepción, aunque haya cumplido con creces su tarea de plasmar tantas imágenes de la biodiversidad y los ecosistemas que tenemos, tanto sano orgullo de ser de donde somos.

Y no es la excepción, porque lo bueno ha sido, es y será susceptible de mejorar.

Aporto uno que otro ejemplo que, en todo caso, no restan méritos a la mejor producción que se haya hecho sobre Colombia.

La fotografía, dirigida por el premiado Mike Slee -realizador de Flight of the butterflies y How to build a planet, entre otros documentales-, es impecable y se entrelaza en una narración que no da cabida a los bostezos. Muy superior al guion que la acompaña, a veces obvio y exagerado en calificativos; con imprecisiones que provienen, se supone, de la traducción del inglés. (Una temperatura de menos cero grados centígrados…) Y con una voz en off archiconocida, la de Julio Sánchez Cristo, que de inmediato lo remite a uno a las mañanas de la radio y que siendo excelente no se aventuró a salir del tono de confort que la caracteriza. (Unas cuantas inflexiones hubieran restado monotonía a la lectura del libreto.)

Y los segmentos de denuncia, tan necesarios, pudieron haber sido más contundentes en palabras conocedoras de integrantes de la comunidad científica nacional. Complementados con cine foros en los que los sectores público y privado se comprometieran –todavía están a tiempo–, si no a cuidar, al menos a no diezmar la magia salvaje que nos enriquece.

ETCÉTERA: El fin de semana superaba el millón y medio de espectadores. De la mano de otra señora película La estrategia del caracol (Sergio Cabrera), pisaba los talones a la más taquillera de la historia, la intrascendente Uno al año no hace daño (Dago García). La alcanzará y la pasará, eso es seguro. Bien por un equipo talentoso, arriesgado y de incuestionable factura. (¡Y que me pidan el pasaporte en cualquier parte!)
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