Colegio vegano y colegio progresista: dos modelos para romper el molde

Colegio Holss en Llanogrande
Colegio Holss en Llanogrande

Dos instituciones, una en funcionamiento y otra en construcción, han atraído a padres que quieren que sus hijos estudien en un contexto salido del marco educativo tradicional.

Por: Sebastián Aguirre Eastman / sebastian.aguirre@vivirenelpoblado.com

El primer filtro para elegir a sus estudiantes es que la familia sea vegana. La jornada comienza a las nueve de la mañana -“levantar a los niños antes de las 6:30 les atrofia el cerebro”-, y hasta las diez y media el horario indica que es tiempo de jugar. No hay uniforme y cada familia escoge el momento del año en que quiere tomar sus vacaciones.

Esta son algunas de las características del modelo pedagógico de Holss (Homeschooling Society), una propuesta educativa que funciona desde comienzos de este año en Llanogrande, y que surgió de un grupo de padres de familia que, al no encontrar colegios que se ajustaran a su filosofía de vida, decidió crear uno propio: “Tenemos un perfil progresista, revolucionado, un centro de pensamiento para la familia, de entrenamiento para la vida real. Este colegio es una abstracción de la vida real, en la cual no hay calificaciones ni años, sino mejoramiento continuo”.

Es la explicación de uno de los creadores de la institución, quien prefiere reservar su identidad, dice, pues no se quiere “llevar el crédito” de una idea que les pertenece a 27 personas.

Holss es un ejemplo de una serie de propuestas similares que están surgiendo de una inconformidad manifiesta con la educación convencional, plantea Carolina Laverde, integrante de Edushakers, una comunidad que nació hace un año y medio con el deseo de cuestionarse sobre diferentes iniciativas, entender el panorama en Medellín y con esa base proponer e impulsar proyectos en este campo.

“Algunas personas nos han manifestado su interés porque sus hijos se formen en otros modelos distintos a los tradicionales”, sostiene Laverde.

“No es ir contra el sistema”

Nick Reeves llegó de Sudáfrica hace dos años invitado por inversionistas que tenían la idea de montar un colegio en Medellín. El proyecto no prosperó, pero él se unió con Pablo Botero Londoño, un empresario hotelero, para estructurar un colegio con un modelo pedagógico distinto a lo convencional.

Su idea, que aún está en el papel, es hacer “algo distinto, progresista, enfocado en valores familiares. Nos basamos en seis pilares: sostenibilidad y servicio social; excelencia personal (en vez de la excelencia académica); valores; integración con la tecnología (vista como herramienta y no un fin); nutrición, vida saludable y balanceada (comer y dormir bien para sentirse mejor), y ciudadanía global (corazones colombianos, mentes globales)”.

El triángulo puso una pauta en 1981

En 1981 Benedicta Zur Nieden, esposa de Diego Echavarría Misas, sumó en la fundación del colegio El Triángulo, en Rionegro, con una pedagogía novedosa llamada Waldorf, que luego transfiere en 1985 al colegio Waldorf Isolda Echavarría, en La Estrella. Esta se divide en tres septenios: de 0 a 7 años (conquista del espacio físico, social y espiritual), de 7 a 14 (apertura a la palabra, los hechos que acontecen en el mundo y el funcionamiento de las cosas) y de los 14 a los 21 (la formación de la personalidad), con tareas y objetivos específicos para cada etapa, según el desarrollo del ser humano que permita descubrir sus necesidades.

El Canadiense, entre tanto, que opera desde 2005, se ha enfocado en el “aprender haciendo y en el fomento del emprendimiento y el empresarismo desde tempranas edades”.