Ciudad del Río es una Pequeña India

Familias de indios han escogido a Ciudad del Río como su residencia. ¿Por qué? Como los demás vecinos, encuentran en pocos metros todo lo que necesitan.
Por: Juan Pablo Tettay De Fex / juan.tettay@vivirenelpoblado.com

Con la frescura de la mañana, Srividhya Srinivasan usa el parque de Ciudad del Río para hacer ejercicio. De piel color aceituna y cabellera negra, llama la atención de quienes madrugan a trotar. Ella, que también hace parte de la Selección Colombia de críquet, es solo una de las tantas mujeres que de la India llegó a Ciudad del Río. Vive en Medellín con su esposo, Balaji Krishnan, desde hace ocho años. Hablan en un perfecto español y dicen que aprendieron interactuando con los demás.

Srividhya, Balaji y su hijo Sairam también eligieron a Ciudad del Río como su residencia. En Vivir en El Poblado hablamos con cinco familias que habitan en las diferentes unidades de este sector y que hoy hacen que pueda ser considerado una Pequeña India.

Algunos llevan ya buen tiempo, otros llegaron a la ciudad hace dos o tres años. A todos los une algo: son ingenieros informáticos expertos en banca y laboran en empresas como Sophos Banking Solutions, una compañía especializada en desarrollo de software que trabaja con Bancolombia, que tiene sede en Ciudad del Río y en el Centro Empresarial Olaya Herrera. También hacen parte de TCS, Tata Consultancy Services, entre otras empresas del sector de tecnología.

Creen que solo en el barrio suman alrededor de 100 personas. Además de la cercanía con su trabajo, valoran el espíritu cosmopolita de Ciudad del Río. “Lo tenemos todo a la mano: restaurantes, supermercado, parque, recreación, salud, arte”. Les encanta, por ejemplo, que pueden almorzar en sus casas.

Vienen de diferentes regiones por lo que sus culturas también son distintas. Fue el idioma la primera barrera a vencer, sin embargo, en la convivencia aprenden rápidamente. Valoran que los medellinenses hacen lo posible por comunicarse y recuerdan una vez que un amigo recién llegado pudo entenderse con una empleada de un restaurante de comida rápida a través de una videollamada que ella le hizo a su esposo que sabía inglés. “La gente es muy querida y lo mejor es que está abierta a conocer más de nuestra cultura”, dice Himanshi.

Dicen que tomar la decisión de venir a Medellín fue difícil. “Lo que nos llega y lo que internet cuenta es la violencia y la inseguridad, pero cada día que pasamos en la ciudad nos damos cuenta de que no podíamos estar más equivocados”, anota Viswanath . Y recuerdan con gracia que cuando llegaron no salían a la calle en las noches por temor a lo que les pudiera pasar.

Nostalgias

De India les hacen falta muchas cosas. Una de ellas, la comida, pues muchos de los ingredientes que usan en sus platos no se consiguen en la ciudad y el Gobierno colombiano les pone trabas para traerlos. “Quisiéramos conseguir la gran variedad de lentejas que comemos en nuestro país”. También extrañan el cine y, aunque canales como Cosmovisión pasan películas producidas en Bollywood, desearían verlas en una sala de cine. Sin embargo, lo que más quisieran en la ciudad es un templo, un lugar de espiritualidad en el que se puedan juntar a orar. “De India traemos imágenes e ídolos y rezamos en casa. Nuestro día empieza y termina siempre con la oración”, explica Balaji quien agrega que, a falta de un lugar en el que puedan ejercer la espiritualidad, visitan con frecuencia las iglesias católicas porque “para nosotros, todos los dioses son el mismo dios”.

Se reúnen con frecuencia para no olvidar su cultura y para que los niños puedan experimentar lo que ellos vivieron en su país de origen. La música, el baile y la danza los reúnen. Cocinan en comunidad y disfrutan de su gastronomía.

Balaji dice que está en Medellín y no ve planes de regreso a su país, más que para pasar vacaciones. Otros, en cambio, ven un rápido regreso aunque desde ya dicen que irse será triste.