Canciones del niño del cuerno encantado

Valeriano Lanchas, Evelyn Ramírez y la Orquesta Filarmónica de Medellín con la batuta de Francisco Rettig

Des Knaben Wunderhorn (Canciones del niño del cuerno encantado) es una colección de poemas folclóricos de Alemania, recopilados y editados por Achim von Arnim y Clemens Brentano. Varios de ellos han sido fuente de creación musical para compositores como Weber, Loewe, Mendelssohn, Schumann, Brahms, Zemlinsky y Schoenberg, pero Gustav Mahler, más que los otros, acompañó con generosa sonoridad estos textos durante buena parte de su vida.

Valeriano Lanchas
Evelyn Ramírez

El sábado 18 de octubre, Medellín podrá apreciar Des Knaben Wunderhorn con la Orquesta Filarmónica de Medellín y los solistas Evelyn Ramírez (Chile) y Valeriano Lanchas (Colombia), bajo la batuta del maestro Francisco Rettig.

Sobre la obra, la mezzosoprano Evelyn Ramírez comenta que se trata de canciones folclóricas como podría tenerlas cualquier otra cultura; temáticas de amor, de desamor, de buscar a Dios de una manera particular, lo que para ella es bastante especial dentro de la espiritualidad de cada persona.

Por su parte, el bajo Valeriano Lanchas define esta pieza como un obra que sin duda llenará de emoción al público, “con una belleza y una sencillez que pueden conmover desde un niño hasta un adulto”. Sin embargo, no desconoce el nivel de dificultad que la obra representa: “Como se ejecutará esta obra en Medellín no es fácil de hacer, y es un lujo para una ciudad tener todo el Wunderhorn junto”.

El alto nivel lo impone Mahler con una gran exigencia para la voz. “A mí este compositor me gustó muchísimo por la vocalidad”, dice Evelyn Ramírez. “Conocía mucho de voces, entonces al escribir lo hacía super bien dentro del registro, y a mí, dentro de mi rango como mezzosoprano, me permite sacarle el mayor partido a mi voz. El compositor logra sacar lo mejor de tu vocalidad y eso lo hace mucho más atractivo y bonito, pero también desafiante”.

Para Valeriano Lanchas lo anterior es cierto: “A Mahler le fascinaba la voz y por lo mismo le exigía mucho, así que siempre es un reto, pero un reto que uno sabe que irá a buen puerto. El rango de voz es muy grande, hay altos y bajos en una misma canción y tiene mucho texto, además la orquestación de Mahler es muy densa, entonces hay que hacer un gran trabajo con la voz e irla dosificando”.