Cámaras para limpiar el aire

En un valle cerrado como el del Aburrá, el control de emisiones debería ser la máxima prioridad de las administraciones o entidades locales

/ Juan Carlos Franco

Salió en las noticias esta semana que en Medellín ya tenemos fotomultas ambulantes. Es decir, que hay un vehículo oficial con cámaras montadas encima del tablero, a la derecha del conductor, para ir tomando fotos de todos aquellos que estén mal estacionados o estorbando el tránsito.

Las cámaras móviles, supuestamente, van por toda la ciudad. Y, supuestamente, no tendrán piedad con el infractor. Ah, y prometen que pronto habrá más de estos vehículos, al menos hasta completar tres. O sea, guerra total a los que gustan de atravesarse o dejar el carro en cualquier parte. Claro, casi siempre estorba más un vehículo quieto que uno en movimiento. Y como el carro con las cámaras no se ve llegar, la probabilidad de pillar infractores puede ser muy superior a la de las cámaras estacionarias actuales.

La idea es buena. Tan buena, tan fácil de implementar, que hay que extenderla. Por ejemplo, ¿qué tal si, además de perseguir mal parqueados, se dedicaran a tomar fotos de las negras emisiones de humo de tantos vehículos sueltos por ahí? Estos vehículos con cámaras, que por definición van a estar recorriendo la ciudad todo el día, estarán en posición privilegiada para detectar y tomar fotos de los camiones, buses, volquetas, busetas, micros, camionetas, automóviles y motos con humos visibles. Se le toma la foto al infractor –pero por favor, que se vea el humo, que no haya posibilidad de discusión– y a los dos días el empresario recibe en su casa la fotomulta, en el caso de vehículos de servicio público, o el conductor o dueño, en el caso del automóvil particular. Y puede que sea pillado otra vez y reciba una nueva fotomulta al día siguiente, y otra más… hasta que se vuelve inaplazable el arreglo del vehículo infractor. Que a estos insensatos les cueste caro su contaminación y el daño que causan a la salud de sus conciudadanos.

En un valle cerrado como el del Aburrá, el control de emisiones debería ser la máxima prioridad de las administraciones o entidades locales. Inexplicablemente, hoy no lo es. Tal vez porque no saben cómo hacerlo, o no tienen las herramientas o las bases legales. Pero si ya vamos a poder poner en cintura a los atravesados, ¿por qué no hacerlo con los contaminantes?

Hoy cualquiera puede avanzar sin la menor preocupación por toda la ciudad emitiendo negras o grises humaredas. Cualquiera puede cruzar el Área Metropolitana por el río, por el Centro, por El Poblado, Bello, Envigado, etcétera. Y ninguna autoridad le dice nada. A lo sumo, le piden certificado de gases. Y como seguramente lo tiene a la mano y al día, entonces no pasa nada. Por supuesto, hay que hacer una activa publicidad sobre este plan de fotomultas para contaminantes. Hay que poner vallas, hay que reportar cuántos infractores han sido cazados y las multas que tienen que pagar, hay que publicar las fotos. Y así, poco a poco, ir creando conciencia de que en esta ciudad –o mejor, en toda esta Área Metropolitana– por fin nos estamos volviendo serios y estrictos con el tema.

Faltan pocos meses para que Aníbal pueda mostrar verdadero compromiso con el medio ambiente. Aquí tiene las herramientas para hacerlo. Ahora, si prefiere abstenerse, ahí les queda el tema a los precandidatos actuales para que lo desarrollen y lo conviertan cuanto antes en promesa de muy fácil e impactante cumplimiento.

Y ya que estamos en esto, ¿por qué no tomar fotos de los peatones que se tiran a la calle para cruzar? ¿O de los despistados que avanzan a 20 kilómetros por hora por el carril izquierdo en las vías de doble calzada? ¿O los que se atreven a hacer un trasteo completo sobre la capota de una camioneta Renault 12 modelo 77?
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