¿Todos somos iguales?

Esta afirmación nos retumba en el cerebro cada vez que encontramos a alguien que nuestro cerebro identifica como “diferente”.

Suena paradójico, pero es así. Si al relacionarnos con una persona encontramos con ella más afinidades que diferencias, no vemos la necesidad de pensar en esta frase. Pero cuando en nuestra mente se activa una especie de alarma que nos dice que somos distintos en algo, inmediatamente, como por una especie de “reflejo mental”, recordamos: “no, todos no somos iguales”

Pero es que si lo pensamos bien, la realidad es que de verdad todos somos diferentes. Y tal vez por esta razón, es que somos iguales; “iguales en la diferencia”.

Cada uno de nosotros como ser humano, tiene diferencias con el otro. No existe ninguna persona igual a otra. Podemos parecernos, sí; tal vez físicamente, tal vez en algunas actitudes o en nuestras profesiones; pero nadie, definitivamente nadie, es igual a otro.

Eso mismo pasa con las capacidades de las personas. Cada uno de nosotros tiene capacidades diferentes. Algunos son buenos con las matemáticas, otros fantásticos con el dibujo, hay quienes tienen el don de las relaciones personales y otros curan seres humanos. Algunos hacen las cosas mejor que otros (aunque tengan las mismas capacidades) o incluso pueden ser más rápidos al hacerlas. Pero todos en la realización adecuada de las distintas actividades, necesitan algo que les permita llevarlas a cabo: herramientas. Y no cualquier herramienta; debe ser la apropiada.

Y la herramienta puede ser un espacio acondicionado, quizá una correcta capacitación, un ambiente conveniente o hasta utensilios o instrumentos que permitan que la labor pueda ser hecha correctamente.

Desde la época de las cavernas se evidenció que el ser humano, sin las herramientas apropiadas, no puede sobrevivir.

Analicemos este tema desde la perspectiva de la discapacidad: una de las interpretaciones que se le da a esta palabra es “la capacidad de hacer las cosas de forma diferente”. Tiene sentido si nos remontamos a la parte inicial de este artículo. Si todos somos diferentes, todos hacemos las cosas de distinta forma.

Entonces ¿qué sucede con la discapacidad?; ¿todos tenemos alguna?; no precisamente.

Resulta que los seres humanos diseñamos nuestro entorno de acuerdo con las necesidades de la mayoría. Tomamos en cuenta las capacidades y dificultades del hombre promedio y, de acuerdo con el resultado, diseñamos y construimos nuestro planeta. Creamos las herramientas que necesita la media de las personas y es por esta razón que una porción grande de ellas queda en desventaja. No porque sus capacidades se disminuyan, sino porque el entorno, no adecuado para todos, los pone en esta posición.

Visto desde otro punto de vista, si al pensar nuestras actuaciones, creaciones, proyectos o construcciones, tenemos en cuenta las necesidades de todos (no solo de algunos), minimizaremos la desventaja que pueda tener una persona, permitiendo que logre alcanzar sus objetivos con la menor ayuda posible, independiente de sus capacidades.

Brindar herramientas no es solamente una acción material. También podemos hacerlo con nuestra actitud. Si reconocemos la diferencia no como algo malo, sino como una característica inherente al ser humano, y de acuerdo con esta aseveración actuamos, la relación entre las personas mejorará considerablemente.

En conclusión: todos somos diferentes y eso nos hace iguales. Pero para poder ser iguales desde nuestra diferencia, todos debemos tener las mismas posibilidades y oportunidades. Y la mejor manera en que podemos lograr que esto se cumpla, es brindándoles a los otros herramientas adecuadas que les permitan hacer todo de igual manera. Solo así se puede garantizar que cualquiera, aprovechando sus capacidades (iguales o diferentes), pueda alcanzar sus propias metas y, en últimas, pueda ser igual, siendo diferente. Simple y complejo, ¿verdad?

@Bbluman

 

Berny Bluman

Discapacidad es una palabra que genera múltiples sensaciones y reacciones en las personas. Temor, respeto, indiferencia, admiración, lástima y muchas más. La forma en la que nos la han presentado a través del tiempo probablemente no ha sido la más adecuada. Mi nombre es Berny Bluman, soy una persona usuaria de silla de ruedas que decidió asumir la discapacidad en el momento en el que me la encontré de frente. Conocerla, aceptarla, hacerla parte de mí y llevarla con orgullo. Por eso quiero compartir en este espacio temas referentes a la discapacidad, la forma en que es vista, como me gustaría que se viera, que podemos hacer para cambiar la percepción, que papel tiene la sociedad en todo esto, como cada uno de nosotros puede aportar y porque es tan importante que se genere un cambio. A través de anécdotas personales, historias leídas o hasta contadas pretendo dar una mirada diferente a un tema tabú y de alguna forma aportar a un cambio de imaginario colectivo que por siglos nos han creado y que a mí personalmente, no me agrada. Los invito a leer, a aprender, a compartir y a acompañarme en esta aventura. @bbluman @colombiaccesibl

 

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