¡Ay corazón!

Solo desde la coherencia, desde la triplicidad que interactúa, podremos tener un buen corazón

/ Jorge Vega Bravo

La afección del corazón es una de las primeras causas de enfermedad y muerte. Qué paradoja que nuestro sol, nuestro órgano central, sea el más vulnerable a los embates de la modernidad. Si trascendemos los conocidos factores de riesgo ligados al estilo de vida actual –la falta de movilidad, la alimentación distorsionada y las presiones que generan hipertensión arterial y emocional–, podemos ampliar, desde la medicina antroposófica, el enfoque de la enfermedad cardiovascular.

“Cuando actuamos con coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, el corazón se ve reforzado en su función de generar salud” (C. Botero). El pensar binario (cuerpo–mente), impuesto por la ciencia moderna, donde el organismo es concebido como una compleja maquinaria, desgasta al corazón. Necesitamos reforzar la visión de un ser humano triple, que tiene cuerpo, alma y espíritu, que piensa, siente y actúa, y que genera salud si respeta las leyes del ritmo. “La sobrecarga anímica personal y cultural a la que estamos sometidos en el mundo occidental…supone un desgaste y una sobrecarga de las fuerzas del corazón.” (Ibíd.).

Aparecen factores de riesgo como el egoísmo, la falta de solidaridad y el reconocimiento del otro, la ambición desmedida de dinero y de poder; tendencias que nos alejan de nosotros mismos. Dejamos de escuchar la voz del corazón –que es la voz de la conciencia– y caemos en el aburrimiento, en la pérdida del sentido de la existencia, en la unilateralidad enfermiza. El infarto del miocardio es como un intento desesperado de liberarse del enclaustramiento, del endurecimiento, en el territorio más humano del hombre: su corazón.

Una terapia causal de las enfermedades coronarias va más allá del tratamiento médico convencional, más allá de los fármacos, de la cirugía, del cateterismo. Y aunque no negamos estos procedimientos, creemos que es necesario trabajar en los tres ámbitos del ser humano para recuperar el equilibrio perdido y prevenir la enfermedad.

En el pensar: reducir la excesiva actividad neurosensorial derivada de la sobreabundancia de impresiones y estímulos de la cultura actual. (V. Fintelmann).Toda impresión sensorial debe ser digerida, de lo contrario resulta dañina. La oleada de estímulos provenientes de las pantallas constituye un impacto difícil de procesar por el corazón.

En el cuidado de la vida anímica: se logra respetando los ritmos. En ellos viven fuerzas curativas que el hombre posmoderno ha relegado. La medicina antroposófica ofrece un camino especial para sanar el corazón: la terapia artística. El trabajo con pintura, con modelado, con música y con Euritmia, propone herramientas específicas para tratar y prevenir la enfermedad cardiovascular. Destaco el arte desarrollado por Steiner: La Euritmia, entendida como “lenguaje visible del alma”. En el ámbito del actuar, de la voluntad: es necesario replantear hábitos alimenticios y moverse libremente. El ejercicio y el trabajo físico, hechos con alegría y mejor al aire libre, renuevan y vitalizan el corazón.
Solo desde la coherencia, desde la triplicidad que interactúa, podremos tener un buen corazón.
opinion@vivirenelpoblado