Arte más allá de los originales

No es solo una etapa histórica distinta sino, como había ocurrido en la modernidad, un nuevo nivel en la conciencia del arte

/ Carlos Arturo Fernández U.

En la actualidad, decir de un artista que es un “moderno” puede convertirse casi en un insulto que acaba por significar que el artista en cuestión no ha comprendido el sentido de las profundas transformaciones que ha enfrentado el mundo del arte en el último medio siglo. En efecto, puede afirmarse que hace unos 50 años nos movemos en los marcos del arte contemporáneo. 

Andy Warhol – Sopa de tomate Campbell’s – 1969
Andy Warhol – Brillo Box (2) 1964

Seguir siendo moderno significaría que no se ha dado el paso a la contemporaneidad. En el mejor de los casos, aquel artista moderno se habría quedado vinculado con las ideas de las vanguardias artísticas que dominaron gran parte del siglo 20 y que, según algunas interpretaciones, acabaron por manifestarse como un proyecto fracasado.

Sin embargo, nadie pensaría que instituciones como el Museo de Arte Moderno de Medellín o el Moma, Museo de Arte Moderno de Nueva York, puedan ser consideradas como retrógradas y ancladas al pasado por referirse a lo moderno.
En realidad, arte moderno y arte contemporáneo son dos expresiones que, dependiendo del contexto en el cual se presenten, pueden referirse a los mismos asuntos o a realidades casi contrapuestas.

Moderno y contemporáneo son palabras muy cercanas en su significado. Si uno recurre al Diccionario de la Lengua Española, se encuentra que una de las primeras acepciones de “moderno” es la de ser perteneciente al tiempo de quien habla, mientras que “contemporáneo” es lo relativo al tiempo o época en que se vive; es decir, casi lo mismo. Paradójicamente, la palabra “moderno” resulta dirigida de manera más precisa hacia lo actual, pues “contemporáneo” es también lo que existe al mismo tiempo que una persona o cosa y, por tanto, puede aplicarse a cualquier época de la historia (Aristóteles era contemporáneo de Alejandro Magno, pero ninguno de los dos es moderno). Y esta cuasi identidad en sentido etimológico se presenta también en la lengua inglesa, por ejemplo. Quizá podría afirmarse que se trata de un uso genérico de los términos; pero sería necesario reconocer que en ambas palabras aparece la referencia a los problemas del presente como diferentes a los de la historia pasada. Por eso, el Mamm o el Moma son museos que centran su trabajo en el arte actual y no en el del pasado.


Joseph Kosuth – Una y tres sillas – 1965

Pero las cosas empiezan a complicarse cuando, siguiendo las sugerencias del mismo Diccionario de la Lengua, vamos a buscar el significado de “Edad Moderna” y de “Edad Contemporánea”, pues ambas palabras tienen entre sus acepciones el ser relativas a esas épocas históricas. El Diccionario recurre entonces a la más frecuente tradición historiográfica y afirma que la Edad Contemporánea es la que se desarrolla entre finales del siglo 18 o comienzos del 19 y el momento actual, mientras que la Edad Moderna es la que se desarrolla entre el final de la Edad Media y el comienzo de la Contemporánea.

Muchas veces la historia del arte utiliza esta misma lógica y sigue planteando como arte moderno el desarrollo del Renacimiento, el Barroco y las distintas posibilidades del siglo 18, y como contemporáneo el arte de los siglos 19 y 20. No es este el momento de defender este clasificación que, al menos en el terreno de la historia del arte, tiene la ventaja de afirmar de manera contundente que esta solo puede pensarse con relación a la historia de la sociedad y de la cultura.

Pero es evidente que cuando se califica a un artista de hoy como “moderno” y, como se decía antes, eso resulta casi insultante, tampoco se está haciendo referencia a esa distinción entre el mundo moderno y el contemporáneo. Existe pues, por lo menos, otro contexto en el cual puede entenderse esa diferencia que, si bien se empieza a comprender de manera clara en los años 80 del siglo pasado, se remite de hecho a dos décadas más atrás.


Mike Bidlo – Not Warhol (Brillo Boxes 1964) – 2005

El filósofo y critico norteamericano Arthur C. Danto plantea una perspectiva de teoría y crítica de arte según la cual la modernidad correspondería al momento en el que los artistas abandonan la idea de que el arte busca representar la realidad exterior y empezaron a preguntarse cómo es posible la pintura misma o, en otras palabras, se dedicaron a analizar los medios propios de la pintura. Esta situación puede remitirse al último tercio del siglo 19, comenzando con Manet para llegar luego a un artista como Cézanne quien comprende que, en última instancia, un cuadro es ante todo formas y colores sobre una superficie; y no se trata tanto de un nuevo período sino de un nivel de conciencia distinto frente al arte que se prolonga hasta los años 60 del siglo pasado.

Por eso, según Danto, lo moderno no es tanto un problema temporal (“lo más reciente”) sino, sobre todo, una estrategia y una línea de acción. Y tampoco lo contemporáneo puede reducirse a un hecho cronológico, como sería, por ejemplo, limitarse a pensar que contemporáneo es el arte moderno que se hace en nuestro tiempo.

Danto encuentra que desde la década de los años 60 se genera un clima de casi total libertad, en el cual ha desaparecido la idea de que el arte debe seguir un proceso y se impone que no hay una diferencia evidente entre las obras de arte y las meras cosas reales. Su ejemplo favorito fue siempre la obra de Andy Warhol, “Brillo Box”, unas cajas de jabón que a simple vista no se distinguían de las que podían encontrarse en un supermercado; y a ello se agrega la emergencia del arte conceptual, en el cual las apariencias de la obra e incluso su misma realización física dejaban de ser importantes. Por supuesto, surgen de inmediato múltiples preguntas: si esta obra que veo no se diferencia de un objeto real, ¿por qué es arte y no mero objeto? ¿dónde está el arte? ¿qué es el arte? Es claro que, en este orden de ideas, ya no hay una dirección única sino que cada artista puede seguir el camino que desee; tampoco es necesario que una obra de arte tenga un aspecto determinado sino que puede desplegarse bajo cualquier forma y no tiene por qué parecerse a nada preciso.

Estamos frente a una estrategia que ya no es moderna sino contemporánea, en la cual lo que interesa es investigar por la naturaleza del arte mismo, lo que exige un giro hacia la filosofía pues ya la simple experiencia sensible no puede penetrar en la realidad presentada como arte, como sí era posible frente al arte moderno y a muchas etapas anteriores de la historia.
No es solo una etapa histórica distinta sino, como había ocurrido en la modernidad, un nuevo nivel en la conciencia del arte.
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