Árboles viejos no dejan ver el bosque de abusos

Árboles estresados, que trabajan las 24 horas, guayacanes que ya no florecen, mangos que producen todo el año, insectos que alargan su ciclo de vida: la situación está grave 

Trato denigrante a los árboles, dentro de una carpa para Colombiamoda, cerca al Palacio de Exposiciones

Por Fernando Cadavid

El diagnóstico es de un ingeniero forestal: los árboles de Medellín están estresados, viejos, marchitos. Están sometidos, ultrajados, un tanto abandonados. Algunos, incluso, están locos.

La cara de esperanza verde de esta historia la pone la Alcaldía cuando anuncia la siembra masiva de 100.000 árboles, aunque los expertos cuestionan: ¿en dónde? Agregan que algunos encontrarán espacio en el Alto de San Miguel y tal vez en las laderas del cerro El Volador; ¿y los restantes?

Óscar Sáenz, ingeniero forestal
Para tipificar la carencia de espacio para un arbusto más, el docente Óscar Sáenz, de la Universidad Nacional, acude a una conocida exageración: “Aquello de que en Medellín se roban un hueco, resultó cierto”. Hay rapiña de los constructores empujados a compensar con varias especies cada individuo arbóreo que talan. Pero no hay dónde.

Sáenz, coordinador de proyectos de investigación del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional, explica que sobre la carrera 80, en inmediaciones de Campos de Paz, algún urbanizador apurado por cumplir con la compensación arbórea que le exige la autoridad ambiental, sembró plantas entre los urapanes que ya cerraron su copa; entonces no permiten que nuevas especies sobresalgan.

La dispersión en el cultivo, por carencia de espacio, dificulta el mantenimiento requerido, antes de su entrega a la autoridad ambiental. Los arbustos quedan a merced de los vándalos.

Otro enemigo, señala Sáez: el estrés que padecen en la ciudad, debido a las variaciones del entorno natural que acortan su ciclo de vida, y los ponen en situación precaria frente a plagas y enfermedades. Por contaminación e iluminación trabajan el doble: de día hacen la fotosíntesis y transforman el CO2 en oxígeno; de noche deberían descansar. Pero con la iluminación artificial resultan trabajando las 24 horas. Todo el tiempo están sometidos a condiciones estresantes, sumado al cambio climático y al aumento brutal de la temperatura.

Confluencia de factores que lleva a los académicos a diagnosticar: la arborización está grave, con individuos que se comportan como locos: “Estamos haciendo una evaluación con el Área Metropolitana (…), que evidencia un deterioro muy grande (de los árboles). Especies muy rústicas y fuertes como el tulipán africano, los almendros, el falso laurel, que antes no daban problemas (…) están para atrás, para atrás. (…) aparentemente es el clima que (se comporta) como un coctel; digamos que hay más lluvia de la normal, o una sequía más grande. (…) cuando llegó la lluvia el árbol rebrotó, sin que fuera el momento, y entonces el insecto encuentra comida disponible que le permite alargar su ciclo de vida. Es una combinación de cosas, sin que fuera el momento, y el arbusto es vulnerable, no sabe cómo comportarse, cómo defenderse, y pierde hojas: es la locura. El ejemplo son los guayacanes que florecían dos veces al año, en un tiempo fijo, pero ahora florecen (en unos lugares) y en otros no; o las famosas cosechas traviesas de aguacate, mango, (que ahora se producen) todo el año. Todo está loco (…)”. Añade que también es efecto de una especie de abandono en el mantenimiento de los árboles, que los hace más vulnerables.

Trato denigrante a los árboles, dentro de una carpa para Colombiamoda, cerca al Palacio de Exposiciones

Advierte que esta vegetación está envejecida, es problemática y riesgosa, y que la sustitución que se hace no es la más adecuada “porque nos fijamos en el número, no en la calidad”. Se carece de un plan masivo de fertilización y control de plagas, que es reactivo. Según el plan maestro de espacios verdes, están inventariados 450 mil árboles en los espacios públicos, sin contar los que crecen en los cerros tutelares.

Más problemas: de esa cifra, unos 200 mil interfieren con las redes eléctricas, según estudio elaborado para EPM; la mitad no son aptos para los lugares donde fueron plantados: arbustos que pasaron del matero de la sala al antejardín, y que delatan la proliferación de un arbolado no funcional, sembrado según coyunturas, sin planeación, reitera el profesor Sáenz.


Trato denigrante a los árboles, dentro de una carpa para Colombiamoda, cerca al Palacio de Exposiciones

El modelo bogotano
Desde las ciencias forestales están pidiendo que las autoridades establezcan unos mecanismos alternos de compensación, más orientados a la conservación, a la fertilización y la fumigación. Si solo hicieran un lavado del follaje, ahora vencido por una capa de hollín, los individuos arbóreos progresarán más, sostienen. Que adopten una glorieta o un separador vial en aspectos de mantenimiento, pues resulta preferible tener lo justo, bien mantenido, y no un montón en estado deplorable.

Arbey Osorio,
subsecretario del Medio Ambiente
El camino a seguir ya lo abrió la ciudad de Bogotá: entendieron que el negocio del constructor no es sembrar ni cuidar árboles, y la autoridad ambiental se desgasta vigilando. Así que estableció que el constructor pague en dinero ese costo y la entidad responsable sabe qué especie arbórea comprar, dónde plantar y cómo hacer el mantenimiento.
El paisaje arbóreo se marchita por culpa del cambio climático, el vandalismo y el maltrato, sumado a falta de mantenimiento
Entre tanto la Secretaría del Medio Ambiente se prepara para empezar en octubre la siembra masiva de cien mil árboles, con una inversión de 2.400 millones de pesos. Se trabaja en la identificación de los terrenos. El subsecretario, Arbey Osorio, advierte que se trata de una tarea titánica para conseguir el material arbóreo y el lugar para sembrarlo; será en áreas rurales y tal vez aparezcan predios a lo largo de la ciudad, que se ocuparán con especies adecuadas y de rápido crecimiento para que en tres años ya estén sostenidas.
 
El Poblado, bien arborizado
En general el sur del área metropolitana es privilegiado en espacio público y en arborización, en comparación con el norte. Los expertos dicen que El Poblado, concretamente, cuenta con más parques, separadores viales más grandes, zonas verdes asociadas a viviendas y a conjuntos residenciales.

Aun así, falta una política para ganar espacio público verde. “Estamos lejos del parámetro de la OMS que establece entre 7 y 10 m2 de espacio público: tenemos entre 3 y 3.5 m2, así que el déficit es muy grande”, afirma Sáenz.

A su vez Osorio sostiene que la clave no es determinar si faltan o sobran árboles, sino establecer qué tan sostenible podemos tener una zona o un barrio, ambientalmente hablando. Es definir si la cobertura boscosa es la adecuada, si el número de individuos es suficiente, si en las vías están plantadas las especies necesarias y requeridas. Según estos criterios, El Poblado reúne estas condiciones, pues responde de la mejor manera a una dotación del componente arbóreo adecuado.