“Aquí nadie estamos a salvo”

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“Aquí nadie estamos a salvo”
Todo esto, que parecía irreal en 1950, es nuestro pan de todos los días

/ José Gabriel Baena

Es un cliché mencionar a nuestro adorable Orwell y su novela 1984, pero desde su publicación hace más de 50 años ya se sabía hacia dónde iban las poderosas agencias de espionaje de la URSS y EUA. En sus páginas se inventó prácticamente la internet y la vigilancia privada, en nuestras propias residencias y mediante enormes pantallas, de las acciones y pensamientos más íntimos. En efecto, la temible “Policía del Pensamiento” era la encargada de detener y aplastar a los supuestos enemigos del régimen con torturas brutales, para mantener la estabilidad del gobierno de “Oceanía”. Encuentre usted todos los detalles en su enciclopedia digital escribiendo “Thought Police”y recibirá satisfacción garantizada, de la cual os daré un adelanto: “Esta es una organización policial ficticia, inspirada en la Gestapo y en la NKVD. Se caracteriza por arrestar a los ciudadanos que ‘piensan’ en cosas que van en detrimento de las consignas del Partido. El crimen de pensamiento (crim-mental) es lógicamente el más grave de todos los crímenes sancionados. La Policía del Pensamiento utiliza unas máquinas llamadas telepantallas similares a televisores provistos de un micrófono integrado, los cuales permiten a los agentes de la Policía del Pensamiento escuchar las conversaciones realizadas entre las personas que se encuentran a cierta proximidad de los monitores. El Partido obliga a los ciudadanos (principalmente a aquellos que tenían una vida sexual activa constante o a aquellos que ocupaban cargos dentro del Partido, a poseer telepantallas en sus casas y oficinas, al punto de eliminar todo rastro de privacidad en la vida del individuo. Aparte de las telepantallas, ejercían el control mediante el uso masivo de micrófonos en las calles e, incluso, en el campo. El castigo por ‘pensar mal’ es ser secuestrado y torturado para hacer confesar los crímenes de pensamiento y, en última instancia, si el sujeto se resistía, ser llevado a la Habitación 101, donde se le quebrantaba definitivamente”. Todo esto, que parecía irreal en 1950, es nuestro pan de todos los días. Por fortuna, y siendo un periodista malpensante, ya no tengo vida sexual ni activa ni pasiva, lo cual me libra a medias de toda sospecha. Pero sí cometo a diario el crimen de leer y escribir, como podéis ver aquí. Y todo ello me lleva a citar una noticia perdida en la letra minúscula de los periódicos, hará unos ocho días, sobre el funcionario de Arabia Saudí que sostenía una “relación ilegal” con una profesora de 42 años: los detuvo en su auto, cerca de La Meca, la siniestra “Comisión para la promoción de la Virtud y la lucha contra el Vicio”, conocida en esos desiertos como “la Policía de la Moral”. Además de su adulterio, la maestra fue acusada de llevar en su carro deliciosas dosis de haschís y “material para realizar conjuros de brujería”. Pobrecilla, espero que no la hayan ejecutado. ¿Recuerdan ustedes el “Viceministerio para la preservación patriótica de la vida, obra y pensamiento de Nuestro Comandante Eterno” creado hace poco en Venezuela? A mí me huele como a lo mismo: tufo policíaco. El periodista mexicano Luis Tovar, escribiendo en “La Jornada” sobre el poder de La Red, concluía desconsolado y con esta divertida frase: “Aquí nadie estamos a salvo”. Pero yo tengo esperanzas. Lanzo desde esta página la idea de crear en Medellín, al revés, la “Comisión para la promoción del Vicio y la lucha contra la Virtud” y me siento a inscribir candidatos para conformarla.
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