Anarquía en el espacio público

Anarquía en el espacio público
Si no hay normas, controles y prevención de esas invasiones privadas que deterioran la calidad de vida y el medio ambiente, se da paso a la anarquía

La ocupación ilegal y antiestética del espacio público por parte de privados es una situación cada vez más notoria en El Poblado. Es recurrente en las vías, aceras y parques y constituye una muestra fehaciente de la carencia de políticas coherentes y claras de la administración municipal frente a la utilización que se le debe dar a los diferentes espacios de la ciudad.

Es la administración municipal y no los privados la que debe marcar la pauta, mantener el dominio del suelo y fijar las condiciones de uso del espacio público, de tal manera que garantice su acceso a él a todos los ciudadanos. Cuando los privados lo usufructúan a su antojo, ese espacio empieza a tener un valor de propiedad, pierde la posibilidad de ser disfrutado por otros individuos y por ende pierde el carácter de público. Cuando el espacio se convierte en un objeto de mercado, como sucede con las ventas informales que se establecen en determinado lugar, se esfuma la condición de comunidad, que viene de común, lo que es de todos, y se generan condiciones de inseguridad.

Si no hay normas, controles y prevención de esas invasiones privadas que deterioran la calidad de vida y el medio ambiente, se da paso a la anarquía que ha pauperizado y colmado de inseguridad otros espacios de la ciudad, como el Centro, y que tantos dolores de cabeza les ha causado a las diferentes administraciones, sin que hasta el momento haya sido posible ponerle freno.

Esa anarquía es evidente en la comuna 14. Ciudad del Río, por ejemplo, un sector en pleno desarrollo y que tiende a convertirse en modelo urbanístico, presenta hoy un grave problema de invasión ilegal del espacio público que, si no es afrontado con seriedad por la Alcaldía, se volverá inmanejable, en detrimento de todo el sector.

Otro ejemplo del uso abusivo del espacio público en El Poblado es lo que ocurre con sus calles, que han sido convertidas en parqueaderos privados. No cabe en la cabeza cómo en un barrio con semejantes problemas de movilidad, donde la insuficiencia de vías obligó a proyectar la construcción de más de dos decenas de obras por el sistema de Valorización, los vehículos privados se apropien de ellas para estacionarse e inhabiliten permanentemente uno de los carriles. Con razón muchos se quejan porque tendrán que pagar de su bolsillo las onerosas obras viales que otros utilizarán para parquear sus carros sin que ninguna autoridad se los impida o, menos aún, les lleguen fotomultas por estacionarse donde no debían.