Amor, amor, love

Carolina Zuleta
Por Carolina Zuleta / Vida plena

Creo que la pregunta más antigua y más poderosa que nos hemos hecho los seres humanos es: ¿por qué estamos aquí? ¿cuál es la razón de nuestra existencia? Filósofos, religiosos, políticos y personas del común se lo han preguntado. Algunos hablan de alcanzar la iluminación y otros el cielo. Mi interpretación de estas respuestas es que estamos aquí por una sola razón: para ser felices. Así de simple.

 

En nuestra vida cotidiana hablamos de amor todo el tiempo: amo la comida italiana, amo las vacaciones, amo a mis hijos, a mi pareja, a mi perro, amo mi trabajo, amo los días soleados y algunos valientes dicen: me amo a mí mismo. Pero, ¿será que todas estas expresiones de amor son lo mismo?

Mastin Kipp, autor del blog The Daily Love, define amor como “la aceptación incondicional de lo que es”. Amarnos es aceptarnos tal y como somos. Aceptar es diferente a tolerar. Cuando toleramos no estamos amando, estamos soportando algo que no nos gusta con una sensación desagradable en el cuerpo. Cuando aceptamos, sentimos paz en el corazón.

Cuando yo hablo de amor, hablo de la definición anterior: aceptación incondicional, pero también hablo de una definición más expansiva. Para mí el amor es la esencia de lo que somos y la esencia de la fuerza que creó el Universo. Es la energía que sentimos cuando estamos en momentos de silencio y meditación. Amor son las lágrimas de ternura y felicidad cuando vemos por primera vez a nuestro hijo recién nacido. Es el alivio que sentimos en el cuerpo cuando por fin perdonamos y dejamos ir el rencor. Cuando vivimos en el amor, estamos en paz con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. El amor es ese estado de absoluta plenitud en que entiendes que no estás solo en este mundo, sino que existe un vínculo muy especial con cada ser humano y criatura que habita este planeta, y, más importante, entiendes que estás conectado con una fuerza suprema. Amar incondicionalmente es recordar quién eres realmente: la esencia del amor.

Lo opuesto al amor es el miedo. Del miedo se derivan la rabia, el rencor, los celos, la envidia, etcétera. Cuando actuamos desde el miedo herimos a las personas que nos rodean, tomamos decisiones equivocadas y que causan daño. Cuando elegimos el miedo nos alejamos de alcanzar ese cielo que tanto anhelamos. Y sentimos indisposición en el cuerpo.

Lo más maravilloso es que el amor es una práctica. Es algo que podemos elegir en cada momento del día. Cada situación que vivimos podemos elegir cómo verla: con amor o con miedo. Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto y autor de El hombre en busca de sentido, dice: “Todo se le puede arrebatar al ser humano, menos una cosa: la última libertad del ser humano – elegir su actitud bajo cualquier circunstancia”. Tu tienes la libertad de elegir entre el amor o el miedo en cada instante del día. ¿Qué estás eligiendo hoy? Agrega tus comentarios en www.carolinazuleta.com
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