Abrir caminos con libros

La Fundación Secretos para contar lleva historias y saberes a las familias campesinas de Antioquia para pensar, sentir y hacer
Fotos cortesía

Por Laura Montoya Carvajal

De tener solo una Biblia y algunos recortes de periódicos y revistas, la biblioteca de muchos campesinos antioqueños se ha enriquecido en los últimos 11 años con los libros de la Fundación Secretos para contar. Sus integrantes caminan, cabalgan, navegan y recorren todo Antioquia, no sin dificultad, para entregarles a 220 mil familias los ejemplares gratuitos que además de entretener, enseñan a niños y adultos.


< Juan Luis Vega. Foto Juan David Caicedo

Juan Luis Vega, tallerista de Secretos desde hace 8 años, cuenta que este viaje comenzó en el Suroeste antioqueño, pero hoy tienen presencia en los 125 municipios, en todas las escuelas rurales. Buscando la forma de editar libros que fueran útiles para la población campesina, se basaron en la Pedagogía Waldorf. “Los primeros pedagogos decidieron hacer un libro para el hacer, uno para el pensar y otro para el sentir. Por eso empezaron con trilogías”, describe Vega.

Estos tres elementos, necesarios para la educación integral desde la visión Waldorf, se tradujeron en saberes prácticos, reflexiones y productos literarios. El primer libro, La casa y el campo, es parte del hacer y enseña aspectos propios de la vida en el campo, como la vida en la finca y el uso del agua. “Hubo una respuesta tal de la gente del campo que no pudimos parar”, asegura el tallerista.

Ahora, la fundación cuenta con seis trilogías publicadas y dos libros de edición especial, y también con una ruta para llevar estos conocimientos al campo. En primer lugar, desglosa Vega, se reúnen con los maestros para planear la ruta a través de las veredas y convocar a padres y estudiantes. Luego realizan talleres de promoción de lectura, y por último diseñan guías para que los maestros puedan trabajar los libros en sus clases.

Hasta ahora han publicado textos sobre astronomía, física, cultura, animales, plantas medicinales y para alimentación, la vida de los niños y las costumbres campesinas. También reunieron en una ocasión 5.000 aportes de tradición oral que los padres de familia les escribieron, para luego exponer algunos en el libro Más claro no canta un gallo. Muchos de los temas son sugeridos por los destinatarios de sus libros.

Vega, quien es biólogo y se ha encargado de los textos de muchos de estos ejemplares, describe que cuando no están trabajando se capacitan para mejorar su lenguaje y comunicación con los campesinos y los maestros. Igualmente, destaca que cada ejemplar es elaborado por expertos en el tema, tanto científicos y técnicos como los mismos campesinos.

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“Hablamos mucho con los profes y nos manifestaban que hay unas falencias en las bases del aprendizaje, más que todo en los primeros años. Comenzamos a estudiar estas bases y ya llevamos 5 años”, dice el tallerista. Por tanto, ahora van 10 veces al año a 49 escuelas rurales para estudiar sus jornadas y trabajar en un modelo educativo.

La fundación ha desarrollado cajas de juegos que ayudan a entender de precálculo, prelenguaje y prematemáticas, y según Vega, sueñan con hacer pedagogía a través de la música y las huertas. “Le apuntamos a transversalizar el conocimiento”, concluye.