A propósito de papas a la francesa

Julián Estrada Ochoa
Por Julián Estrada Ochoa / Caldero de opinión

Es un pequeño negocio que ha sabido aprovechar el prestigio de este tesoro andino y presenta una sabia y bien concebida oferta: papas como acompañante de nueve clásicas recetas.

En la cocina popular colombiana existen dos acompañamientos que son obligatorios para que cualquier preparación cumpla con las exigencias que en asuntos de composición y porción requieren los jugos gástricos de Juan Pueblo. Dichos acompañamientos son arroz y papa.

Voy a referirme a la segunda, cuyo origen andino la convierte en el aporte alimentario más importante que le hace América a Europa. Imposible sería imaginar las actuales cocinas europeas sin la presencia de Doña Papa: ¿Qué tal la Madre Patria sin tortilla de patatas? ¿Y la friolenta Suiza sin su calórico Rösti? ¿Qué tal el Imperio Británico sin su callejera receta de fish & chips? ¿Cómo pensar en la suculenta oferta de salchichas y cervezas alemanas sin recetas como el kartoffel o el hasselback? ¿Sería posible imaginar la gran Rusia sin papas para su embriagante vodka y su ensalada nacional?

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La papa es un producto del cual se derivan más de 300 recetas diferentes; según cifras de American Food Service, en la actual comercialización mundial de alimentos, la preparación que más fanáticos posee en los 194 países que conforman el planeta son las llamadas por nuestras cocineras populares cascos de papa, pero que en todos los tableros de cafeterías y en las cartas de restaurantes de categoría se les denomina “papas a la francesa”.

Escribí esta crónica porque durante los días de Semana Santa me encontré en la carretera de Las Palmas (vía El Retiro y Llanogrande) un pequeño y amable negocio, el cual sin ninguna ostentación y con una acertada concepción de equipos y accesorios, logró un buen montaje, el cual está complementado con una sabia y bien concebida oferta: papas a la francesa como acompañante de nueve clásicas recetas de diferentes cocinas del mundo: Bélgica, Canadá, Hungría, México, Alemania, Francia, Inglaterra, Suiza y Tailandia.

En otra palabras: mejillones belgas, pollo al curry, goulash, dados de solomito, bastones de pescado con salsa tártara y otras más, salen en cucuruchos plenos de papas de crujiente exterior y algodonuda consistencia en su interior… es decir: excelentes.

Además, el espectro de especies, sales y sabores adicionales (mieles, mostazas, tocinetas, quesos, jalapeños y chipotles) es de amplia gama y de primera calidad. Es un amable y pequeño negocio* que ha sabido aprovechar el prestigio de este tesoro andino y sin mayores ínfulas y con recursivo ingenio han iniciado una propuesta a la cual le veo un gran futuro.

Mejor dicho, tal y como opina Juan Pueblo, estos nuevos emprendedores de las papas a la francesa ¡se papiaron!

* Su nombre es Papatatas y se ubica en el Mall de La Fe (El Retiro).

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