A la fuerza sacaron a las garzas

   
  
 Así luce hoy el lago de Sierra Blanca, de donde fueron desplazadas 1.500 garzas. Foto cortesía. 
   
 Fue uno de los mismos habitantes del Condominio Campestre Sierra Blanca quien hizo la denuncia del que denomina “un crimen ecológico que jamás hubiera podido imaginar”, una evidencia dolorosa de “hasta dónde llega la intolerancia humana”.
En carta a Vivir en El Poblado, Luis Eduardo Sánchez se refirió a la manera “despiadada” como fueron desplazadas cientos de garzas “que adoptaron como hospedaje nocturno y al mismo tiempo como sitio para procrear, las ramas de tres hermosos árboles que igualmente adornaban el islote en medio del lago que embellece el condominio en mención”.

La ceremonia del adiós
Destacó Luis Eduardo, entre otros aspectos, que “por razones que no acabo de comprender y con la complicidad de muchos de los propietarios, la administración y posteriormente con la de algunas autoridades locales, se inició el desplazamiento más despiadado que alguien pueda imaginar (…) Lo primero que pude apreciar fue la tortura sicológica a que fueron sometidas las indefensas aves: les cortaron las ramas al árbol donde fabricaban sus nidos y le daban vida a sus polluelos; no siendo esto suficiente se ordenó mediante circular de la administración producir toda clase de ruidos, utilizando para ello cualquier clase de objetos como tambores, garrotes de madera, trozos de lamina de zinc que debían ser golpeados por el rondero de turno o cualquiera de los enemigos de la naturaleza; hasta bombas de las que usamos para las piñatas usaron para acabar con la tranquilidad del sueño no solo de las pobres aves sino de los habitantes amantes de acostarnos temprano o de hacer la siesta; también se utilizaron reflectores con luz de alta intensidad y, como si fuera poco, y según consta en circular 003 del día 11 de febrero del presente, firmada por la Administradora, se ordenó quemar papeletas y voladores dos o tres veces en la noche hasta lograr su completo desplazamiento (adjunta circular). Por fortuna, esta última metodología no se llevó a cabo ante la protesta de algunos de los verdaderos defensores del medio ambiente o defensores del dormir tranquilo. Después de todo el tipo de torturas sicológicas y físicas ya descritas y no pudiendo lograr el desplazamiento total, la última opción fue seguir el ejemplo de los paramilitares: la motosierra. Con esta por fin lograron destruir los tres bellos árboles que servían de hospedaje nocturno a nuestras indefensas visitantes (…)”

Por territoriales
La Administradora de Sierra Blanca, Marta Nelly Palacio, afirmó que el desalojo de las 1.500 garzas que fueron contabilizadas en Sierra Blanca fue autorizado por Cornare, entidad que en varias oportunidades recomendó hacer control biológico, mediante la toma de sus nidos con sus huevos y polluelos. Agregó que el desalojo de estas aves blancas migratorias fue aprobado por la mayoría de copropietarios en la asamblea celebrada en marzo pasado, en la cual se decidió efectuar simultáneamente varias acciones “con el fin de aburrir a las garzas”. Se refiere a las medidas descritas en la denuncia de Luis Eduardo Sánchez.
Añadió la Administradora de Sierra Blanca que de tiempo atrás varios de los habitantes del condominio se habían quejado por los olores, alergias y el mal que causaban con sus excrementos tanto a los humanos como al lago y a los árboles donde se posaban, ya convertidos en chamizos. “Por ser unas aves tan territoriales, no admiten más fauna en los sitios que escogen y desalojaron a otros pajaritos”.
Lo cierto es que al que al cierre de esta edición el lago de Sierra Blanca estaba vacío, el islote quemado y las garzas, por supuesto, brillando por su ausencia. “Vamos a recuperar el islote y el lago y a hacer una siembra de peces”, dijo Marta Nelly Palacio, quien aseguró que la próxima semana el paisaje del lugar volverá a mostrar la belleza que lo hizo célebre.

 
   
  
 Así lucía el lago en abril de 2009.