70 años pintando a Antioquia

  
   
 Al lado de la ventana de su apartamento en Envigado, con vista privilegiada sobre áreas boscosas y pobladas que a menudo lo inspiran, el maestro Francisco Madrid se inclina sobre su caballete para hacer un trazo. Trabaja en una de las veinte obras que expondrá desde el jueves 11 de noviembre en el Dann Carlton. “Temas y técnicas en la pintura”, es el nombre de esta exposición que durante 20 días estará dispuesta en el lobby del hotel.
A los 88 años este pintor nacido en Envigado conserva una vitalidad contagiosa de cuerpo y mente, solo eantorpecida por una molestia en sus rodillas que le impide caminar con el ritmo que lo hacía en otros años, cuando iba en busca de paisajes y personajes urbanos y rurales para expresar su talento. Desde la década del 40 emprendía largas caminatas con un grupo de aficionados egresados de Bellas Artes, a quienes los artistas más consagrados llamaban con sorna “pintorcitos domingueros” pues únicamente pintaban los fines de semana mientras el resto de los días, para sobrevivir, tenían que trabajar en otras áreas.

Talento y azar
Pero fue gracias a su talento y a una cadena afortunada de azares que Francisco Madrid logró, incluso, estudiar en Bellas Artes e imponerse a la vida de privaciones que le auguraba el ser hijo único de una humilde modista separada.
Desde los pocos meses de nacido y hasta los ocho años, Madrid vivió en La casita de pobres, dirigida por su madre, en Los Ángeles, cerca al barrio Boston. Sus aptitudes artísticas empezaron a notarse en la escuela del barrio Buenos Aires y, a los 13 años, motivado por uno de los sacerdotes profesores, participó en un concurso de pintura de escuelas públicas donde obtuvo el primer puesto. Sin embargo, al terminar la primaria debió dedicarse a trabajar como mensajero, alejado de pinceles y colores.
Así transcurrieron cinco años hasta el día en que lo reconoció en la calle la señora prestante que tiempo atrás le había entregado el premio del concurso de dibujo y se indignó al saber que Francisco no estaba estudiando pintura. De la mano lo llevó entonces hasta el Instituto de Bellas Artes y no descansó hasta matricularlo y conseguirle una beca. En este punto de giro de su destino, Madrid tenía 18 años.
Desde 1941 también empezó su carrera docente, labor que hoy continúa en Cobalto, academia de Envigado. Aunque muchos años alternó la pintura con las clases y el trabajo publicitario, fue a partir de la aceptación que obtuvo con su primera exposición -realizada en la década del 50- cuando pudo dedicarle más tiempo al arte.

“Me encasillaron”
En todos los espacios, pasillos y cuartos de su apartamento se destacan cuadros en óleo, acuarela, pastel y lápiz, y un sinnúmero de medallas, pergaminos y reconocimientos que ha recibido por su trayectoria artística. Son 70 años dedicados a pintar, dibujar y a destacar la cultura antioqueña: bodegones, peleas de gallos, figuras de mujeres y retratos de viejos pensativos, paisajes y desnudos, arrieros, jugadores, campesinas, flores, sembrados y estampas del Medellín antiguo son algunos de los elementos que se encuentran en su obra.
Siempre lleva consigo una libreta de Rembrandt donde hace apuntes rápidos y dibujos a lápiz, el inicio de sus cuadros y murales. En una de sus páginas se destaca el bosquejo de varios jugadores y bebedores, captados por el maestro en una de sus recientes visitas al parque de Envigado. Allí suele sentarse y no duda en pedirle que le pose al personaje que le llame al atención.
“A mí me encasillaron: cuando hablan de Pacho Madrid dicen “el acuarelista”, pero no estudié acuarela sino óleo, nadie me enseñó acuarela sino que aprendí mirando a otros y cuando vieron obras mías en esta técnica las resaltaron por su transparencia y me las siguieron pidiendo”, comenta a manera de reclamo.
“Pienso seguir pintando y dejar algo para la posteridad, dejar huella con los alumnos”, es la respuesta cuando se le pregunta por sus sueños. “Quiero despertar en la juventud y en la niñez todo aquello que motive al crecimiento del ser humano, porque la belleza genera paz. Todo lo que nos atrae, motiva y nos da consuelo sirve para desligarnos de los sentimientos negativos”.