Pétalos de rosa

Por Adriana Mejía
Por Adriana Mejía / Etcétera / opinion@vivirenelpoblado.com

Francia se unió a los 55 países que en el mundo prohíben los castigos corporales a los niños. En Colombia lo necesitamos con urgencia, a ver si la paz deja de ser un tema lejano.

Mi familia es de mujeres: cuatro hermanas (una hija, nueve tías, 26 primas, cinco sobrinas…, pocos hombres) y un papá que jugaba con nosotras guerra de almohadas, mamacitas, golosa o lo que fuera –se dejaba maquillar y poner hebillas en el pelo, hablaba de nosotras seis, contando a mi mamá; y nos enseñó a respetar a los demás y a hacernos respetar con asertividad y firmeza-; y jamás, j-a-m-á-s, nos puso una mano encima como no fuera para abrazarnos. (Gracias a la vida).

Pronto entendí que la educación y la autoridad nada tienen que ver con los castigos físicos que siempre, s-i-e-m-p-r-e, no importa con los fines altruistas que los disfracen los adultos –padres o cuidadores por lo general- van a ser actos de agresión y abuso. Empezando porque nadie agrede a nadie –menos un grande a un chico- en un ataque de ternura; lo hace, fuera de sí, en uno de ira. Parapetado en su posición de superioridad y poder. (Y atrévase a chistar, mijo).

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“Estudios evidencian que los niños criados con violencia son más propensos a tener problemas de consumo de sustancias psicoactivas, baja autoestima, a ser más violentos e incurrir en comportamientos antisociales”, fue la más diciente conclusión del Encuentro Internacional sobre Castigo Físico que se celebró recientemente en La Sabana.

El respeto tiene que ser de doble vía, señores y señoras defensores de la falacia: “una nalgada no le hace mal a nadie”. (Habría que voltearla de revés: una nalgada no le hace bien a nadie). No es sino mirar la manera como se solucionan los problemas en nuestro medio, para darnos cuenta de que somos una sociedad levantada a golpes. La ley de la selva pareciera ser la nuestra.

El 2 de julio Francia se unió a los 55 países que en el mundo prohíben los castigos corporales a los niños. Ojalá Colombia (según datos del Icbf, 304 de cada mil menores son víctimas de malos tratos) sea el número 57. Lo necesitamos con urgencia, a ver si la paz deja de ser un tema lejano en hogares e instituciones educativas.

La directora del Instituto, Juliana Pungliluppi, anunció que radicará en el Congreso un proyecto para reformar el artículo 262 que permite a los padres “corregir y sancionar moderadamente” a sus hijos. “Moderadamente”, qué tal el agujero negro. ¿Cuáles son los límites?

Frente a los castigos físicos, tolerancia cero. A ninguna mujer, a ningún niño, a ningún ser vivo se le puede pegar ni con el pétalo de una rosa. Cursi la frasecita, estamos de acuerdo; pero cierta. Muy cierta.

ETCÉTERA: Majestuoso el documental, El sendero de la anaconda: un viaje del profesor Wade Davis (autor de El Río), en compañía de Martín Von Hildebrand (fundador de Gaia Amazonas) por los caminos que recorrió el botánico Richard Schultes (revivido en El abrazo de la serpiente). Entre el Apaporis y Chiribiquete, decía Schultes, está “el taller de Dios”. Un tesoro terrenal que tendrían que proteger con mayor voluntad política los países que lo contienen. Hay que verlo.

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