Zona Rosa, zona costosa, zona expulsora

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Ahora anuncia su salida el colegio Palermo de San José. La rectora aduce razones de inseguridad, ruido, basuras, caos vial y comercio sexual y añade una clave económica: en El Poblado se trabaja es para pagar impuestos
 
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En mayo de este año Vivir en El Poblado dio cuenta de la salida del barrio Lleras de una de sus familias residentes de toda la vida. Diez vecinos, entre hermanos y sobrinos, con raíces en estas calles desde los años 30, que le dijeron basta a su entorno de siempre por unas razones de dominio público: “Esto ya es Lovaina en sus peores tiempos”, fue la frase de despedida.

No encontraron una autoridad que ofreciera atención oportuna, eficaz, solidaria, de amplio espectro y vigencia. Y se tuvieron que ir.

Hoy, cuando el compromiso de la Alcaldía y del Concejo de Medellín es otro, basta citar como prueba la asignación entre agosto y septiembre de una comisión especial y de un Gerente, cuyo rol clave será liderar la recuperación del corazón turístico y comercial de El Poblado, otra salida del barrio demuestra el nivel de deterioro que habían venido tolerando o promoviendo autoridades, comerciantes y clientes. En el Lleras contra las normas ha operado la ley del más fuerte, en todo su esplendor: por dinero, también de origen criminal, por excesos, por desidia.

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Ahora el que anuncia su salida es el colegio Palermo de San José. La rectora, Adela Duque, aduce razones de inseguridad, ruido, basuras, caos vial y comercio sexual y añade una clave económica: en El Poblado se trabaja para pagar impuestos. Se van para La Estrella en 2019.

Zona Rosa, zona de privilegios y, en consecuencia, costosa para establecerse y operar, y al mismo tiempo, zona expulsora y con unas inercias tan complejas como la de la semana pasada: mientras las autoridades le intentan dar forma a la solución del fenómeno de la prostitución, que no es delito, y en consecuencia quienes la practican no son perseguibles y tienen, como los demás ciudadanos, derechos a estar, recorrer y esperar en el espacio público, pasó de mano en mano un volante que invitaba a mujeres a permanecer en una casa privada en el Lleras a la espera de clientes. La Policía investiga un caso de proxenetismo.

El del Lleras debe ser tratado no como un problema de perspectivas morales sino de corte social y económico, con respeto por el Plan de Ordenamiento Territorial y por los derechos de las personas. Las autoridades, y el comercio debe avanzar en la misma ruta, tienen que velar porque los trasteos no tengan perfil de expulsión y porque haya retornos en calidad proporcionales a los altos costos que representa ejercer una actividad en la zona.

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