¿Y si jugamos Bizcocho GO!?

¿Qué pasaría si, en vez de Pokémones, nos ponemos en modo cacería de bizcochos? Sentir una vibración en nuestra entrepierna -del teléfono móvil, por supuesto-, significaría un bizcocho cerca. ¡Ay, lolitas, esto se puso bueno!
Ilustración, @PaulinaCuadros y @LolasMagazine
Por Lola Voladora
Hoy, después de sobrevivir al drama de la pubertad, babearnos con unas cuantas tragas, ganar la lucha contra el frizz pre-adolescente y superar la etapa de las casitas de muñecas, Pokémon volvió a nuestras vidas. No lo podemos negar: cuando nuestras lolitas aún no crecían, llegaba una hora de la tarde en la que decidíamos dejar tiradas las barbies para acompañar a Ash en sus aventuras mientras luchaba por convertirse en un Maestro Pokémon. ¿Quién no quiso un Pikachú de mascota?

Esta vez el mundo alucina con un juego de realidad aumentada capturando Pokémones por toda la ciudad a través de la pantalla de un celular. Pero, ¿qué pasaría si, en vez de Pokémones, nos ponemos en modo cacería de bizcochos? Sentir una vibración en nuestra entrepierna -del teléfono móvil, por supuesto-, significaría un bizcocho cerca. ¡Ay, lolitas, esto se puso bueno!
Primero, revisaríamos el Bizcochodex del macho en cuestión. Con solo seleccionarlo, se abriría un catálogo que nos indicaría el número de exnovias, libros leídos, gustos gastronómicos, signo zodiacal, puntos de honestidad, nivel de humor y, claro, ¡habilidades en la cama!

Al caminar por la calle podríamos encontrarnos con un bizcocho eléctrico que nos deje paralizadas, otro acuático que nos ponga bien mojadas, uno de lucha que nos aguante en los días de drama extremo, otro de fuego que nos prenda instantáneamente, uno fantasma que se desaparezca cuando no nos aguantamos ni a nosotras mismas y que no falte el bizcocho roca, fuerte y duro, para… bueno, ustedes ya sabrán.

No podemos ignorar que con Bizcocho GO! podríamos tener una colección masculina perfecta para no perder la depilada y adelgazar con tantas sesiones de cardio nocturno, ¡todos nuestros bizcochos en la palma de la mano, literalmente! Además, sería una manera fácil y rápida de ahorrarnos los dramas de los patanes y los intensos. Sin embargo, tendríamos que suprimir tristemente la incertidumbre de esperar un mensaje, sorprenderse con una llamada, conocerse poco a poco entre vinos y cafés, contrastar gustos y liberar carcajadas espontáneas.

No, lolitas, pensándolo bien, es mejor que abortemos la misión. Un juego de realidad aumentada jamás podría imitar, no solo un buen orgasmo, sino la magia de la conquista, los juegos previos, las risas nerviosas y la tensión propia de la seducción a la antigua. Preferimos, entonces, seguir buscando a Pikachú que reducir al amor y al sexo a un movimiento con puntería del dedo índice.