Continuamos con el seriado de Vivir la Diferencia. Esta vez, hablamos de la corporación Azul Ilusión, que hace 9 años lucha por dar arte y trabajo a personas con discapacidad

Por Laura Montoya Carvajal
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De una casa del barrio Prado salen sonidos de un ensayo de grupo musical. “Celebra la vida, celebra la vida…”, suena el coro. Adentro los integrantes de la Corporación Azul Ilusión, concentrados frente a sus instrumentos musicales, llevan la canción hasta el final. Con gafas oscuras y camisa morada, Natalia Gómez canta con una voz limpia las canciones del repertorio que ensayan con intensidad. Todos bailan.

Pilar Pérez, directora de esta corporación, les da indicaciones técnicas y les llama la atención cuando se salen del tiempo o se desafinan. Ella los dirige desde una guitarra o un teclado, y mientras tocan por última vez, más limpia y bien ejecutada que las anteriores, algunas madres los observan.

En la sede de la corporación chicos con discapacidades sensoriales y cognitivas aprenden en tres grupos de música (semillero, intermedio y base) a tocar instrumentos, así como expresión corporal, danza popular y contemporánea. Comenzaron en 2007, pero en principio fue un proyecto que Pilar presentó para la Universidad Eafit, de donde egresó como percusionista sinfónica, junto a una educadora especial que tenía un hijo con parálisis cerebral al que Pilar le daba clases.

“Ahora son 17 muchachos y 3 profes. No hemos crecido mucho en número porque somos muy exigentes con ellos. Azul es una corporación que lucha por su trabajo: si hacemos los conciertos, se les paga. Soy exigente con ellos, solo se necesita un poco de paciencia”, explica Pilar.



Los chicos del grupo base, que es el que más tiempo lleva y los que estaban ensayando Celebra la vida (de Axel), toman un refrigerio después del ensayo. Natalia, la vocalista del grupo, tiene 18 años y dice que lo que más le gusta es presentarse en escenario: “Me gusta animar el público, y ellos me felicitan”, explica, sonriendo, contenta.


Muchos de sus compañeros además de tocar instrumentos están inscritos en proyectos productivos o practican deporte. David Pérez, baterista de 22 años, es atleta y dice que ha participado en carreras. “Me gustan salsa, merengue, vallenato, Diomedes, Rafael Orozco, los Zuleta… y tengo una mujer que me apasiona y es Taliana Vargas”, dice el joven.

Maria Camila Londoño, que toca la flauta traversa y tiene 23 años, es karateca, cinturón azul. “La música me apasiona. También hago parte de la Fundación Diversidad, estoy en taller ocupacional. Estoy cerca de que me pongan a trabajar, me gustan mucho las manualidades”, explica.

Zoraida Yepes, quien es una de las fundadoras del grupo y hoy es guitarrista, dice que “mis compañeros me han enseñado de la alegría que respiran todo el tiempo”. Además de hacer parte de la corporación, Zoraida hace ventas por catálogo. Johan Miguel Arango, que toca percusión, concuerda con ella: “Mis compañeros me dan amistad y alegría, me gusta mucho que nos cuidamos y nos ayudamos. Son juiciosos conmigo”, dice. También apunta que le gusta mucho limpiar su casa y que le ayuda a un tío a hacer arreglos en apartamentos.


Para Pilar, aunque los avances son muchos, hay varias dificultades en los procesos con personas discapacitadas: “El primero son algunas familias, que no creen totalmente en ellos ni entienden que los procesos llevan tiempo y valen dinero. También porque piensan que a los muchachos no se les puede exigir y eso es falso”, explica.

Por otro lado, en opinión de la percusionista, la falta de compromiso de las secretarías de Cultura e Inclusión Social para los grupos artísticos los pone en una situación muy difícil. “Tenemos que competir con todos los grupos artísticos de Medellín”, resalta. Por último, el dinero es para ella una de las mayores dificultades, porque sus actividades requieren docentes, instalaciones, instrumentos y los gastos se complican con frecuencia.

Hoy, Azul Ilusión está ofreciendo sus conciertos para lograr mantenerse más allá de los 9 años que llevan sonando, y buscan expandir de la mano de otras corporaciones sus servicios. Pilar, que está aprendiendo lengua de señas, espera no solo tener chicos y chicas ciegos sino también con limitación auditiva en sus grupos, además de comenzar a enseñar teatro.

“Me impulsa verlos en un escenario, verles la alegría y las ganas que le ponen. Ellos pasan los obstáculos mentales y de otro tipo para aprender y se da uno cuenta de que somos muy llorones. Los papás los ven y se llenan de una energía muy tesa. Ellos me hacen feliz y me tranquilizan”, apunta Pilar.

El 3 de diciembre la Corporación Azul ilusión tendrá su Concierto de la Gratitud, donde muestran sus procesos anualmente.
Será en el Colegio María Auxiliadora a partir de las 3 pm. con aporte voluntario.
Más información: 300 2267506.