Vino rosé; una moda convertida en un verdadero placer

Vino rosé; una moda convertida en un verdadero placer

Los aficionados al vino, gastronomía y maridaje, han estado pasando de la moda pasajera al consumo genuino de vino rosé, un vino versátil que va bien con muchas comidas y épocas del año.
 
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El color del vino tinto viene de la cáscara o piel de la uva. Lo mismo pasa en el vino rosado, solo que en su proceso, el mosto (jugo de la uva) permanece entre 12 horas y dos días aproximadamente, en contacto con la piel. La “teñida” entonces, resulta mucho menor que la del tinto, dando tonos rosados. También, como el vino blanco o tinto, el rosé tiene diferentes intensidades, aromas y sabores, todo depende de la variedad de la uva, de la pigmentación, del origen, las variedades climáticas, y un sinnúmero de factores que definen cada producción.
 
Juan Diego Lozano, sommelier y propietario de Mercado de Vinos, explica que antiguamente eran pocos los productores serios de vino rosado. Gran parte del producto encontrado en los mercados era una mezcla de las sobras del tinto y del blanco, con azúcar. Este tipo de coctel fue probablemente lo que produjo confusiones sobre el valor del rosé, un vino que hasta hace poco no se consumía mucho en Medellín, en parte considerado inferior y barato.
 
Pero en el primer lustro del siglo 21, explica Lozano, las bodegas productoras de vino tinto en el mundo encontraron una nueva forma de competir en el mercado del vino de verano, ya que el tinto no era el más popular de la estación. Fue así como el rosado emprendió un auge que culminó con un boom a finales de la década, demanda que fomentó mayor producción e importación, dejando al rosé en condiciones iguales al blanco y tinto, en términos de consumo local.
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El rosé es atractivo para los paladares que disfrutan los vinos dulzones y afrutados pero con alta acidez, así que no se sienten empalagosos. Es además un vino muy versátil, perfecto para llevar a un plan donde no se sabe qué será la comida, dice Lozano, porque “es un vino con características del tinto y del blanco, un punto intermedio que le permite jugar en todo el territorio de los blancos y gran parte de los tintos; carnes magras, aves, pescados, perfecto para paellas, pero debe evitarse con las carnes grasosas como la punta de anca, posta o chatas”.
 
En Medellín se pueden encontrar vinos rosé de 16.000 pesos en adelante, y Lozano asegura que hay rosados baratos o costosos de buena calidad. A la hora de recomendar uno específico, el sommelier se va con dos muy versátiles para maridaje: un syrah chileno, Maycas Limari, o Chakana, un malbec argentino. Pero sin importar el precio o marca elegida, los vinos rosados no son para añejar en botella, son para tomar jóvenes, de ahí que muchos vengan con tapa de rosca, algo a lo que Juan Diego insiste que no hay que temer.