Valeriano Lanchas

 
 
     
 
Entre clase maestra, concierto y una agenda que lo estará llevando próximamente a Barcelona, Bilbao, Viena y Berlín, Valeriano Lanchas tuvo tiempo para dar algunas entrevistas. Con bluejeans y camisa, muy sereno y descomplicado, Valeriano se va por el humor sarcástico con una voz que no revela el gran cantante pero sí un origen muy bogotano.

La voz va cambiando con la edad ¿ya llegó a un punto que le parezca ideal?
El día que uno crea que llegó al punto de madurez total, aparte de volverse el hazme reír del resto de los músicos, ya se murió y se secó. Es un proceso, si yo canté el Viaje de invierno el año pasado, lo hago ahora y lo vuelo a hacer el otro año, siempre será distinto. Es un camino que nunca se acaba.

¿Pero tiene alguna expectativa sobre su voz en una edad en particular?
¡Sí claro! Tengo la expectativa de verme a los 40 años y cantar Falstaff de Verdi que es un papel que todavía tengo que ir con mucho cuidado. A los 50 me gustaría mucho hacer El holandés errante de Wagner y todavía hay un montón de cosas que miro hacia el futuro. Me da confianza que a los 32 estoy haciendo cosas que hace 10 años miraba con expectativa y que las trabajé 10 años.

Pavarotti le aconsejó dejar la fama para lo más tarde en la vida ¿Sí ha sido posible?
Una vez estaba cantando Rigoletto en Bogotá y cuando salí por la puerta de artistas, había una mamá con un niño adolescente todo tímido, de esos con boso de lulo y la mamá me dijo ‘Valeriano ¿cómo puedo hacer para que mi hijo sea famoso?’ y yo le dije ‘Señora, cómprele una pistola y párelo en el centro Andino un viernes a las 5 de la tarde para que pegue balazos y el sábado lo tiene en la primera página de El Tiempo’. Raúl Gómez Jattín decía que la fama es una carnicería de Bogotá, el éxito un almacén en Medellín y la gloria un pastel de 2.000 pesos; hay que concentrarse en hacer las cosas que amamos porque al final del día no pasa de ser eso que decía el poeta.

Es muy común que los artistas experimenten con otros géneros
Sí, eso es delicioso. Hice un álbum de canciones colombianas con arreglos de jazz con Óscar Acevedo, también experimenté con electrónica y me gustaría seguir investigando, eso siempre es refrescante.

¿Qué piensa del pronóstico moribundo que le dan a la ópera por el desinterés juvenil?
Es el mismo pronóstico moribundo que le dan a los libros, desde chiquito estoy oyendo ‘el libro ya se va a acabar’ y que a la ópera y la clásica también. No se puede pensar en música clásica separada del resto de la música, ella se vuelve clásica por un proceso en el tiempo. A mí me parece ridículo decir ‘voy a escribir música popular o clásica’. Los Beatles escribieron música clásica porque se demostró durante 40 años que cambiaron algo en nuestro mundo y cuando Verdi componía óperas lo hacía para una temporada, no pensaba que iban a durar 150 años en el repertorio.

En las clases maestras ¿qué es lo esencial para enseñarle a los estudiantes?
No quiero enseñar, voy a compartir. He tenido una suerte enorme de poder estar al lado de cantantes y directores muy grandes y tener una experiencia de 14 años, lo que quiero es compartir eso, no dar orden ni cátedra, eso sería muy petulante de mi parte a esta edad. Pero sí puedo darles el mensaje de que una persona que nació en Colombia y creció aquí puede llegar a cantar ópera en grandes teatros. Cada uno cuenta tal como le fue en la fiesta y a mí me ha ido muy bien, claro que con trabajo y dedicación.

Dijo alguna vez charlando que cantar era muy fácil, ¿realmente qué es lo más difícil?
¡Uy! ¿Yo dije esa bobada? (risas). Cantar ópera es difícil, lo más difícil es tener un técnica segura que te dé muchos años de voz útil. Christa Ludwig, la maravillosa mezzosoprano alemana, decía que la técnica vocal servía para que en la madurez de la vida un cantante entendiera de qué se trataba todo y todavía tuviera voz, sana y fresca para poderlo hacer.

¿Para usted existe diferencia entre el buen sonido y buen uso de la voz?
No creo que haya una mejor manera de cantar que otra, no creo que Plácido Domingo cante mejor que Mick Jagger, cada uno en su género da lo máximo y por eso cada uno en su género es quien es. Lo mismo que un escritor, uno no puede decir si García Márquez o Vargas Llosa escribe mejor. Lo importante es ser honesto con el sonido que uno encuentre, que sea coherente con uno, que no sea falsa. Cuando es honesto flota como un corcho.

¿Qué cantaría el resto de la vida?
Sinceramente nunca me gustaría dejar de cantar a Mozart, además es el reto más difícil para un cantante. Quiero siempre mucho Mozart en mi repertorio.

Valeriano Lanchas
Estudió en el Curtis Institute of Music de Filadelfia y ha sido ganador de 4 concursos internacionales de canto entre los que están el Luciano Pavarotti International Voice Competition y Plácido Domingo’s Operalia 2001 con cuyos benefactores también tuvo el privilegio de compartir el escenario. Empezó a los 16 años con dos arias de la Flauta Mágica en las audiciones que hacía Gloria Zea para la Ópera de Colombia, pero la aspiración venía desde los 6 años cuando su madre lo llevaba a la ópera en Bogotá.