Urbanización de las laderas traería problemas ambientales

Algunas de las comunidades tradicionales de El Poblado, como San Lucas y La Chacona, han estado quejándose porque, dicen ellos, las construcciones que actualmente se adelantan en la parte alta de El Poblado están ensuciando las quebradas que pasan por sus sectores. El asunto es más grave si se tiene en cuenta que en algunas viviendas el servicio de agua potable depende de los acueductos comunales, que se surten de las quebradas que están sucias. San Lucas, por ejemplo, se abastece de La Aguacatala, mientras que La Chacona depende de La Sanín.

Corantioquia, la autoridad ambiental encargada de la zona alta, dice que los problemas se agravan sobre todo en épocas de invierno. “Todas las parcelaciones han afectado el recurso hídrico en esa parte al hacer el movimiento de tierra. Si ellos (los constructores) no han aplicado las medidas ambientales preventivas que se les exigen, como barreras de retención, desarenadores y contraflujos para evitar que por escorrentía los sedimentos se vayan a las cuencas de agua, las afectan en un momento dado por x o y motivo”, dijo Lila Genes, ingeniera de Corantioquia.

Algunas de las parcelaciones o urbanizaciones que se levantan en esta zona son Cedro Verde, Cinturón Verde, San Juan de Las Aguas, Mirador de Santa Catalina y Parcelación El Monte. “Hemos estado haciendo controles y seguimiento y están haciendo un buen manejo, tienen pozos sedimentadores, cortaflujos y barreras de retención, pero eso no quiere decir que no haya alguno que no esté cumpliendo”, dijo Genes en la entrevista.

Corantioquia ya no otorga la licencia ambiental para la construcción de viviendas y parcelaciones, como sí lo hacían antes de que se aprobara el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, en 1999. Ahora lo que la entidad hace es otorgar los permisos de manejo ambiental, que son el de aprovechamiento forestal, concesión de aguas y vertimiento de aguas residuales, mientras que el otorgamiento de la licencia ambiental corresponde a Planeación y a las curadurías. El problema de la suciedad de las quebradas, sin embargo, es pasajero, pues según afirman los técnicos de Corantioquia, en la medida en que las constructoras revegetalicen y cumplan con las otras medidas, el problema se solucionará. Lo grave vendría más adelante.

Son legales, pero…

Cabe anotar que estas construcciones no son ilegales, pues los permisos de construcción se los aprobaron antes de que se expidiera el POT, que estableció que estas zonas eran de producción y de protección, aptas por lo tanto para la siembra de árboles pero no para urbanizar. Lo que sucede es que el Acuerdo 38, que era el que definía los usos del suelo antes del POT, sí permitía que allí se construyeran urbanizaciones. Esto lo recordó Zoraida Gaviria, directora del Plan Poblado, en una entrevista dada a Vivir en el Poblado, publicada hace un mes.

En esa ocasión, Gaviria alertó sobre los problemas que podría traer la construcción en estas zonas, sobre todo desde el punto de vista urbanístico. Para ella, se estaría repitiendo la misma historia de la parte baja de El Poblado, que de fincas campestres pasó a tener torres de 30 pisos.

Carlos Fernando Márquez, Jefe Territorial del Aburrá Norte de Corantioquia, también se muestra preocupado pero por otra razón. Según él, va a llegar un momento en el que la demanda de agua en el sector va a superar la oferta de las quebradas. “Un problema gravísimo es que esas parcelaciones se están desarrollando en zonas de nacimientos y donde discurren fuentes de agua. Esa es una zona que provee a la parte urbana sobre todo de recurso hídrico. Los conjuntos residenciales se están abasteciendo de las quebradas, pero la mayoría de estas fuentes tienen la disponibilidad muy limitada”.

Algunos de los proyectos que se construyen en las laderas están por encima de la cota 1850, altura máxima en la que Empresas Públicas de Medellín provee servicios de acueducto y alcantarillado. Esto implica, ni más ni menos, que estas nuevas urbanizaciones se abastecerán del agua de las quebradas y descargarán luego en ellas sus aguas residuales. “Estas urbanizaciones hacen sistemas de tratamiento pero allá no hay alcantarillado, y como son en terrenos tan pendientes no pueden hacer campos de infiltración, en los que el agua se diluye en el suelo, sino que tiene que haber un vertimiento puntual del afluente a una quebrada. Eso está generando problemas gravísimos porque alguien que viva aguas abajo, por más que le digan que se está removiendo el 80 por ciento de la carga orgánica, piensa que de todas maneras hay una parcelación haciendo un vertimiento de residuos”, dijo Genes.