Una obra de gratitud con los sacerdotes ancianos

 

Una obra de gratitud con los sacerdotes ancianos 

 

 
 

El Hogar Sacerdotal Pedro Pablo Isaza amplía sus instalaciones  

 
     

La situación del sacerdote anciano en Medellín es preocupante. Una vez cumple 75 años, deja sus oficios y sale a descansar, pero un buen número de ellos vive su retiro en medio de la enfermedad, la pobreza y la falta de cuidados.

 
     
 
 
     
 

Algunos asumieron el cargo de rectores en colegios, otros fueron capellanes en instituciones y tuvieron la oportunidad de devengar una jubilación digna. Sin embargo, un amplio número de sacerdotes que dedicaron toda su vida al trabajo pastoral en las parroquias, no tienen beneficios en materia de seguridad social y solo reciben 400 mil pesos de la Iglesia Católica, destinados para medicamentos o tratamientos. Muchos se ven forzados a vivir con sus familias y así atender sus necesidades. Más aún, algunos religiosos que poseen recursos económicos, no podrían vivir solos por sus dolencias físicas. Tampoco cuentan con la ayuda de personas preocupadas por su cuidado. Para solucionar este problema, la Parroquia Santa María de los Ángeles auspicia desde hace 13 años el Hogar Sacerdotal Pedro Pablo Isaza, ubicado al lado de la Transversal Inferior antes de San Lucas. Es un lugar especializado en la atención de sacerdotes ancianos y en la actualidad se encuentra en la segunda etapa de ampliación.

La nueva obra
“Las obras empezaron en marzo de 2006 y nos sabemos la fecha de terminación, pues eso lo determinan las donaciones y aportes de los feligreses” explica Elías Lopera, párroco de Santa María de los Ángeles. Calcula que la construcción, sin dotación de muebles y accesorios, puede llegar a un presupuesto de 1.100 millones de pesos. La mayoría de los recursos son aportados por los fieles de la parroquia y los vecinos de San Lucas; la Iglesia también colabora con algunos aportes.
La edificación tiene 1.300 metros cuadrados construidos. Está diseñada para albergar 30 sacerdotes que podrán disfrutar de una capilla de oración, una sala de enfermería, 16 habitaciones dobles y 2 sencillas. No obstante, la nueva obra no está pensada solo para el cuidado de los religiosos; también incluye la construcción de una biblioteca, en la que también operará una sala de juegos de mesa y de música. Además cuenta con balcones ideales para apreciar la panorámica del sector del Campestre. Para facilitar la movilidad de los nuevos huéspedes, los tres niveles de la casa, no están comunicados por escaleras, sino por un sistema de rampas. Con esta particularidad es más fácil caminar o desplazarse en una silla de ruedas.

Nace la idea.
“Don Pedro Pablo Isaza, antes de morir, cedió su finca para esta obra social… en esta vivienda antigua recibimos al primer padre, ahora viven en ella las religiosas que cuidan a los sacerdotes”, comenta el padre Elías Lopera. En este momento, 10 religiosos son atendidos por las Hermanas Auxiliadoras de Cristo Sacerdote, una comunidad especializada en amparar sacerdotes necesitados. En un principio, los servicios en el Hogar comenzaron con el traslado a la finca del padre Mario Morales en 1993. Unos meses después, cuando Elías Lopera fue nombrado párroco, el Arzobispo lo puso al frente del proyecto, con la finalidad de sacarlo adelante. Hasta la fecha 13 hombres de fe han muerto en la antigua finca de los Isaza que se fue quedando pequeña para recibir a los beneficiados. Por eso se vieron en la necesidad de realizar la primera ampliación hace 5 años, con 11 habitaciones, corredores y un patio central donde una fuente relaja los sentidos, con el crepitar continuo del agua. En este espacio viven en medio de plegarias y lecturas, el obispo Javier Naranjo, los monseñores Jaime Serna y Jesús Giraldo y los presbíteros Fernando Gómez, Humberto Jimenez, Jorge Calle, Alfonso Giraldo y Bernardo Arboleda.

Cómo transcurre la vida allí
Una de las premisas del lugar radica en respetarle al sacerdote, su libertad y su estado de ánimo. Se levantan temprano, desayunan y a las 8:00 a.m., asisten a misa. Luego leen e intercambian opiniones sobre las lecturas. También aquellos que gozan de buenas condiciones físicas hacen ejercicio. Almuerzan, rezan en la tarde, reciben una segunda eucaristía a las 5:00 p.m. y se acuestan temprano. Algunos fines de semana, los transportan afuera de Medellín, con la intención de hacer turismo en los pueblos de Antioquia.
Los vecinos de San Lucas le tienen cariño a la obra. Van a la misa de la mañana y de la tarde, conversan con los sacerdotes sobre temas de vida y religión y llevan donaciones en especie. 

 
 

Los sacerdotes opinan
“Este es un sitio donde recibimos amor y consideración, es el lugar perfecto para vivir cuando la muerte se siente cercana, cuando muy pronto el Señor nos llame a su presencia”, afirma monseñor Jesús Giraldo, al describir su ritmo de vida. Cerca de su habitación, el padre Jaime Giraldo inicia su caminata vespertina: “Mantenemos una relación de respeto y oración entre los sacerdotes… las hermanas nos ponen mucho cuidado y están atentas a nuestras necesidades”, reflexiona el sacerdote para luego seguir, con su andar lento y contemplativo por los rincones de la vieja finca.