Un restaurador hecho a pulso

Un restaurador hecho a pulso
El arte no solo es lo que está en marcos, en el trabajo de restauración también resultan obras de arte

Por Saúl Álvarez Lara
“A esta hora hace frío”, dice Mauricio mientras señala dos sillas al final del pasillo en la parte de atrás del Centro Comercial El Antojo, en Gualanday -donde ocupa un local-, sobre la carretera de Llanogrande, poco antes de llegar a Rionegro. Al principio solo estaban el mercado y algunos locales con talleres de artistas y artesanos, “por aquí”, señala Mauricio donde nos encontramos, “no había nada. Un día hace más de diez años le pedí permiso a don Gonzalo Uribe, el dueño de todo esto, para que me dejara arreglar una cómoda allá”. Sin dejar de mover las manos, como si hablara con ellas, me muestra un lugar entre los árboles. “Don Gonzalo me dio permiso, después me ayudó a hacer la ramada y cuando construyeron estos locales ocupé uno, el 104, donde tengo los muebles, la oficina, parte del taller”.

“La misma cómoda que me permitió restaurar bajo los árboles se la vendí a don Gonzalo, fue el primer mueble que restauré, desde ese día no he dejado de trabajar con muebles”, agrega Mauricio Rendón, rionegrero inquieto que conoce la región y la ha recorrido por todos los costados buscando las piedras mazamorreras que los campesinos sacaban de los lechos de las quebradas pulidas por el desgaste natural del agua o el tiempo. Estas toman forma con el mazo para pilar maíz y pasan de madres a hijas como un mueble más del hogar. “Son piedras preciosas, pesadas y difíciles de transportar, por eso me dediqué a los muebles y a fuerza de experiencias y errores, aprendí a trabajar con ellos, todavía sigo aprendiendo porque ningún resultado es igual, nunca salen dos muebles iguales, siempre salen con algo que los hace distintos”, comenta.
“Me gusta el trabajo que hago”, dice con un movimiento de manos que parece confirmar sus palabras. “El taller está más abajo -señala hacia Rionegro-, allá hacemos el trabajo grande, hay más o menos diez trabajadores entre carpinteros, tapiceros, ebanistas, pintores; yo vengo aquí todos los días, aquí es mi oficina, aquí es donde viene la gente de todas partes, ven los muebles que restauramos, se antojan, se los llevan o me piden que les haga uno que necesitan para la casa; todo el mundo siempre quiere cambiar o tiene algo que quiere remodelar, entonces me buscan. Recuerdo una de las primeras veces que restauré un armario, a veces los materiales tienen reacciones que uno desconoce, era un trabajo para una clienta que lo compró y me pidió que lo restaurara, cuando iba a venir a recogerlo le cayó polvo, no sé como, tal vez porque la laca estaba todavía fresca, cuando intenté limpiarla con ACPM se corrió, quedó horrible. Al otro día el mueble estaba lleno de lama por todas partes. Casi no logro repararlo, sin embargo la señora quedó contenta y el error me sirvió para encontrar soluciones, así ha sido el aprendizaje, a punta de trabajo”. Mauricio habla y sigue moviendo las manos, no lo interrumpo. “Lo que hacemos es como el arte, no está enmarcado como las pinturas pero cada mueble es una obra única. Los bancos de trabajo, por ejemplo, eran muy difíciles de encontrar, ahora los hacemos en el taller según las medidas y las necesidades de quien lo necesita; todos son distintos, con madera original de banco de trabajo, no son antigüedades, claro está, pero son muebles únicos”.
“Con el tiempo”, continúa, “he aprendido a ver en los muebles cosas que no todo el mundo ve; soy restaurador y diseñador hecho sobre el terreno, no soy reciclador a pesar de que uso piezas recicladas para hacer mis muebles, trabajo con objetos que cuando los veo siento que los puedo tranformar, que me van a servir para hacer otras piezas. Claro que también tengo objetos antiguos”, y me muestra una guitarra japonesa que llegó al taller hace poco, o una repisa con madera retorcida, estilo “Thonet”, que no estaba allí el día anterior, cuando hicimos la cita para esta conversación. “Antes salía mucho a los pueblos, iba hasta Sonsón, San Roque o El Peñol, es increíble lo que uno encuentra, imagínese -dice con un ademán que mide la distancia- que en los pueblos he llegado a encontrar muebles ‘Isabelinos’ de principios del siglo 19 o también muebles ‘Art Nouveau’ de finales del mismo siglo, unas veces en buen estado, otras para restaurar, pero originales ¿Cómo llegaron esos muebles por allí? No lo sé, pero ahí estaban”.
A Mauricio le gusta su trabajo y le gusta hablar de él. Hay horas de la mañana en que hace frío, me ofrece un café caliente, seguramente nos calentará y también servirá de ayuda para continuar la conversación porque con los muebles sucede lo mismo que sucede con casi todos los objetos, cada uno tiene una historia, la diferencia con los muebles es que su historia la llevan a flor de piel. Mauricio conoce esas historias y le gusta hablar de ellas con la ayuda de sus manos que no se detienen ni siquiera en las pausas de la conversación.