Un cazador de paisajes bucólicos

Este interés por las fuentes de agua y por la naturaleza en general viene desde sus tiempos de estudiante de arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana. Hizo su tesis de grado sobre El Poblado como sector ambiental, y en ella planeaba pensar esta zona como un gran parque. En esa época, antes de que hicieran las transversales y cuando las lomas eran todavía rieles, caminó bastante por los terrenos que hoy ocupan las urbanizaciones, viendo paisajes que describe como hermosos. Ya en ese entonces también empezaba a nacer el interés por la pintura, y le hacía los dibujos a sus compañeros de arquitectura e incluso a los estudiantes de diseño.

Después de graduarse se marchó a Florencia, Italia, para estudiar diseño industrial, la carrera que en verdad quería seguir y que en ese entonces no se ofrecía en el país. En esta ciudad, llamada justamente la cuna del arte, tuvo aun más contacto con la pintura. A su regreso empezó a trabajar en Manufacturas Muñoz, la empresa de su padre, y dejó de lado los lienzos, pero solo fue un paréntesis que duró hasta cuando un nuevo viaje lo llevó a Inglaterra. Lejos de las reuniones con amigos era mucho el tiempo libre, y de nuevo la naturaleza, materializada en los parques de Londres, captó su atención y la plasmó en sus lienzos durante algunos fines de semana.

Después vino el regreso a Colombia, la empresa propia, Arquimuebles, y de nuevo el trabajo que no deja tiempo para nada más, hasta que la compañía se estabilizó y se metió a clases de pintura con Francisco Madrid. Siguieron entonces la participación en el concurso Empresarios en el arte de la Cámara de Comercio en 2002, el elogio del jurado a su capacidad para transmitir sensaciones, las primeras exposiciones, los primeros cuadros vendidos, el afianzamiento como pintor, la exposición en el Dann Carlton este año, titulada Quebradas de El Poblado, tesoro patrimonial de Medellín.

Los 20 cuadros que la componen representaron, para Óscar Darío Muñoz, el desafío de dar la sensación de movilidad en el agua. Ahora, cuando cree que lo logró, quiere imponerse nuevos retos como artista. “Mucha gente me ha llamado para que le pinte quebradas pero no me quiero encasillar”, dice. Por eso solo hará dos cuadros más de este estilo y luego se lanzará a explorar un lenguaje menos figurativo, una aproximación a la abstracción que quiere hacer con mucho cuidado para que sus obras no parezcan “mamarrachos de niño chiquito”.