Sobre las vías de Medellín

Seguro que algunas de estas decisiones, como poner a Los Balsos subiendo y Los González bajando, podrían tranquilamente haberse tomado hace años. ¿Acaso no “descubrimos” la bondad del esquema unidireccional cuando, a finales del 97, se hizo lo mismo con las transversales?

En fin, más vale tarde que nunca. Esperemos que las medidas entren completamente en vigor y comentaremos sobre su resultado.

Supongamos que sí, que la movilidad mejora. Pero si la cantidad de vehículos sigue aumentando al 10% anual -pecando de optimismo-, ¿qué pasará dentro de 3 años? ¿Dentro de 5 ó 10? ¿Serán pañitos de agua tibia cuyo mínimo efecto será atropellado por la realidad demográfica y económica de la ciudad?

Y así nos pasaremos los años. Poniendo curitas y dando aspirinas a un paciente que tiene una enfermedad mucho más grave, que solo podría resolverse realmente por medio de complejos y costosos tratamientos quirúrgicos.

Como ya lo han descubierto diferentes ciudades en América Latina -México y Santiago de Chile, por ejemplo- la solución más eficaz a los problemas del tráfico urbano es construir vías preferenciales que no tengan cruces con ninguna vía secundaria. Autopistas a nivel, o elevadas, o subterráneas, que permiten a los vehículos, rápidamente, evitar las zonas de mayor congestión o casi ir de un extremo a otro de la ciudad.

Por ejemplo construir una vía subterránea de 3 carriles en cada sentido por debajo de la Avenida El Poblado, saliendo de Envigado y llegando hasta la calle 30. Similar a lo que hizo Santiago. O mejor, un puente de 2 carriles en cada sentido, similar a lo que hizo México (lo llaman “segundo piso”). ¿O qué tal hundir parte de la Avenida Oriental, para desembotellar el Centro, similar a lo que en Lima llaman “el zanjón”? Para no hablar de ciudades en Estados Unidos o Europa, donde todas las urbes de cierto tamaño en adelante las tienen.

La más interesante es la de Santiago, que incluye peajes automáticos. En las distintas entradas y salidas hay sensores que miden con precisión la distancia recorrida por el vehículo, el cual está dotado -obligatoriamente- de un receptor de señal. Al final del mes se envía a la casa la cuenta por todos los usos del período. Cabe señalar que buena parte de esta vía circula por debajo del cauce del Río Mapocho, muy similar al Río Medellín. Esto seguramente facilita el trabajo, pues la cantidad de tuberías subterráneas que habría que reubicar sería muy inferior a hacerlo por debajo de una vía ya existente.

No es tarea fácil imaginar estas soluciones para una ciudad de tan difícil topografía y tan densa como Medellín. Pero mientras no tengamos vías de esta magnitud, seguiremos en las mismas, solo que cada año con un número mayor de vehículos.

franco.jc@epm.net.co