Sín título

 
 
 
Sín título
 
  Este dibujo no busca recordar un ambiente sino que, de golpe, nos introduce en él  
     
 
 
  *Por Carlos Arturo Fernández U., miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.  
 
 
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
 
  La obra de Óscar Jaramillo (Medellín, 1947) se presenta como una lucha incesante por llegar al corazón de la realidad, que busca y descubre en contextos urbanos y en ambientes oscuros que, con frecuencia, la sociedad prefería que no fueran recordados. A nivel social, es como si pusiera al descubierto, frente a todos, las pasiones que apenas quisiéramos reconocer en el secreto de nuestra intimidad.
Es cierto que la afirmación de que a través de la obra de arte se busca la realidad puede ser sólo un lugar común, una generalidad que pierde todo sentido cuando se convierte en el recurso más fácil al cual echan mano los artistas carentes de pensamiento que sólo son capaces de ver el mundo en el simple nivel de las apariencias.
Pero Óscar Jaramillo no se detiene en lugares comunes. Maestro de una técnica muy refinada, logra poner en discusión el concepto mismo de realidad en el marco histórico concreto de nuestra sociedad. Este dibujo “Sin título”, de 69 por 50 centímetros, realizado en 1971, en lápiz con trementina sobre papel, que pertenece a la colección del MAMM, logra una revelación inmediata de una parte de nuestra existencia como ciudad; y, más en el fondo, nos obliga a una comunicación directa con unas fuentes históricas y sociales que la cultura oficial prefiere pasar por alto.
Evidentemente, nos encontramos en un ambiente nocturno y cerrado, donde las luces crean sombras violentas y contrastes que dan como resultado el aplastamiento del espacio. A pesar de que las tres figuras se aprietan entre sí, no caben en el cuadro que, de hecho, se convierte en fragmento de un paisaje humano mucho más amplio. Pero, además, se estampillan sobre el fondo y, casi como si no quedase lugar ni siquiera para la circulación del aire, sus piernas cruzadas se clavan violentamente en el espacio vital de quienes los miramos.
Porque, en realidad, estamos allí. No son ellos los que nos miran o a los que vemos de lejos, como si se tratara de un espectáculo más o menos curioso. Porque este dibujo no busca recordar un ambiente sino que, de golpe, nos introduce en él, con toda su carga de inquietudes y de sugerencias.
En estos tiempos en los cuales se privilegia casi siempre la imagen “turística” de las apariencias, esta obra, descarnada y dura, nos obliga a recordar siempre que esa realidad más externa no sólo cubre y oculta bajos fondos sino que, en efecto, está sustentada en ellos; y que si nos miramos con sinceridad, el papel que intentamos representar frente al mundo revela indefectiblemente lo que quisiéramos ocultar y olvidar.
Representante por excelencia de una perspectiva estética comprometida con la reflexión sobre el universo de la ciudad, Óscar Jaramillo hace una especie de psicoanálisis de la Medellín que somos todos. Y, por eso, en medio del vertiginoso desarrollo de nuevos medios, este artista, uno de los más grandes maestros del dibujo en la historia del arte en Colombia, conserva su incómoda vigencia.

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Hasta el 15 de mayo, el Museo de Arte Moderno de Medellín presenta la obra de Elías Heim. Un conjunto de cinco trabajos que muestran el desarrollo de uno de los más interesantes artistas colombianos; el conjunto incluye la obra “Gulgolet”, una instalación expresamente pensada para el espacio del MAMM. Es ésta una oportunidad de reflexionar acerca del compromiso del arte con la situación contemporánea del país.