Sin fondo

Sin fondo
El drama es más grande de lo que imaginamos. Los afectados en forma directa no son únicamente los adictos

Hace poco más de cinco meses -el 17 de mayo pasado- iniciamos en Vivir en El Poblado ¡Estás vivo, vive!, campaña sobre las adicciones que hemos adelantado con La Tienda Creativa y con el acompañamiento de la Corporación Paso a Paso. Durante el desarrollo de ¡Estás vivo, vive! hemos profundizado en diferentes tipos de conductas adictivas con el objetivo de llamar la atención, despertar la sensibilidad y no cesar de mostrar la realidad de uno de los problemas más arraigados en nuestra sociedad.
En un principio la idea era hacer un número limitado de entregas -con las sustancias y conductas adictivas más enquistadas en nuestro medio-, sin embargo, a medida que nos vamos adentrando en los temas y las diferentes adicciones, la campaña se va convirtiendo en una especie de baúl sin fondo, como si fuera una historia sin fin. A la manera de esos monstruos mitológicos a los que cada vez les salen más cabezas, los elementos que se convierten en objeto de adicción no paran de surgir, sin importar si los legalizan o no los legalizan, si se aprueban o no las dosis personales, si se penaliza o se despenaliza su consumo. Al mejor estilo de las bandas de narcotraficantes o de las actuales Bacrim –con su infinita capacidad para reproducirse, así les den de baja o encarcelen a sus jefes–, así mismo surgen constantemente nuevas drogas y formas de ingerirlas, aunque sean sustancias creadas para asuntos totalmente diferentes, como limpiar aparatos digitales, tratar enfermedades, hacer procedimientos veterinarios, elaborar tareas en las facultades de diseño y arquitectura, pegar cueros en las talabarterías o para hacer chocolate, por solo citar una mínima cantidad de opciones posibles. Y eso sin mencionar las adicciones a los juegos, al trabajo y a las compras, entre muchas otras.
Esto nos recuerda lo que nos decía hace poco un joven poliadicto, cuyo testimonio utilizamos en un informe periodístico. Cuando le preguntamos por qué pese a vivir con su familia, no tener dificultades económicas y contar con opciones interesantes académicas y laborales, buscaba la experiencia de nocivas sustancias sicoactivas, contestó que en su interior había un vacío infinito. Pocos días después de entrevistarlo se quitó la vida.
¿Cuál es la solución para contrarrestar las adicciones? Ninguna o muchas: el apoyo de la familia, la consciencia del problema, el acompañamiento de equipos especializados en farmacodependencia, alcoholismo y conductas adictivas, entre numerosas alternativas. A algunos les funciona una de ellas, a otros varias y a algunos no les sirve ninguna. Solo queda claro que estos temas no pueden pasar desapercibidos, limitados al trabajo comprometido y aislado de algunas personas, entidades y grupos de apoyo.
El drama es más grande de lo que imaginamos. Los afectados en forma directa no son únicamente los adictos sino los coadictos, aquellos familiares y amigos que renuncian a vivir su propia vida para sobreproteger, muchas veces de una manera equivocada, al adicto. El coadicto es un ser inmensamente solo, lleno de miedo e impotencia, que termina viviendo una vida ajena y el camino que no eligió, lo que lo convierte en una persona enferma, emocionalmente hablando, al punto de que existen grupos de apoyo.
El asunto sigue, pues, sobre el tapete.