Se nos acabó el café


Se nos acabó el café
/ Juan Carlos Vélez Uribe

Después de ser Colombia el segundo productor de café del mundo durante muchos años, hoy hemos caído al sexto puesto, siendo desplazados por países como Indonesia, Vietnam, Etiopía y, próximamente, con seguridad, Perú.
Pasamos de producir 18 millones de sacos al año a principios de la década de los 90 a apenas siete millones este año. Una caída de la producción sin precedentes del que fue nuestro producto de exportación bandera, y del que vivió el país durante muchos años. En los años 80 el café generaba el 60 % del total de las divisas colombianas y hoy solamente nos produce el 5 % total de las exportaciones; ni siquiera deberíamos ya considerar al café como una de las exportaciones tradicionales del país.
Qué tristeza, ya ni siquiera el café que consumimos en nuestras casas es colombiano. En reciente debate en el Congreso demostré cómo el café que consumimos en Colombia, en su mayoría, es peruano y el resto es de origen ecuatoriano. No es sino revisar en ciertos empaques del café tostado y molido que compramos en el supermercado que estos dicen simplemente que su contenido es café, pero no que es café colombiano; por ende, es importado. Según cifras que tenemos en nuestro poder, el año anterior importamos a nuestro país cerca de 70 millones de dólares. Increíble que siendo nosotros los colombianos reconocidos productores de café estemos haciendo esas importaciones, pues el negocio ya no es ponernos a tomar la pasilla del café sino café importado para poder exportar todo el que producimos, en razón a que este cuenta con una prima especial por la calidad que se le reconoce en el mercado internacional.
Otra triste historia de nuestro producto bandera de exportación es que quienes lo cultivan, nuestros cafeteros, se nos están envejeciendo. Ya los jóvenes no quieren trabajar el campo y por ello la edad promedio del cafetero en Colombia es de 58 años. Además es lamentable que el promedio de la finca cafetera sea de apenas 0.76 hectáreas (un poco más de una cuadra), lo que le representa un promedio de ingreso mensual a la familia cafetera de solo 300.000 pesos al mes.
Esta situación del café nos conduce a concluir que definitivamente el Gobierno debe tomar algunas decisiones con urgencia. El sector cafetero del país exige soluciones inmediatas. No en vano hace poco tuve la oportunidad de presenciar una impresionante manifestación de cafeteros del país en Manizales, donde se reunieron más de 15.000 personas llegadas de todos los rincones de la geografía nacional. Me sorprendió la presencia de cafeteros de regiones tan apartadas como Nariño y Cesar.
A pesar de solicitarle al Gobierno Nacional medidas de fondo, como mantener un precio mínimo de la carga del café de siquiera $ 750.000, que es el costo de producción (hoy está el precio por el orden de los $ 620.000); renegociar las deudas de los cafeteros; subsidiar los insumos e implementar el seguro de cosecha, aún no toma decisión alguna. Su prioridad hoy parece ser la de sacar adelante un proceso de paz con la guerrilla y no concentrarse en atacar las causas objetivas de la violencia, entre las cuales se encuentran el empobrecimiento de nuestros campesinos y la quiebra de actividades económicas de tanta importancia para el desarrollo de nuestra comarca como la del café.
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