Salud edición 285/Anemia

La anemia es conocida en algunos lugares como la enfermedad de la sangre cansada. Eso es porque la anemia, una dolencia en la que no hay suficientes glóbulos rojos que transporten una cantidad adecuada de oxígeno a los tejidos, produce una sensación generalizada de cansancio.

Existen muchos tipos de anemia, cada uno con su propia causa. Esa causa puede ser una deficiencia de hierro o vitamínica, pérdida de sangre, una enfermedad crónica o un defecto o enfermedad genético o adquirido. También puede deberse a un efecto secundario de un medicamento. La anemia puede ser temporal o de largo plazo. Puede ser desde moderada hasta severa. Las mujeres y quienes padecen enfermedades crónicas tienen un riesgo mayor de sufrirla.

La persona que sospeche que tiene anemia debe ir inmediatamente al médico pues esta puede ser una enfermedad muy seria, como el cáncer o las enfermedades del riñón. Los tratamientos contra la anemia van desde tomar vitaminas y suplementos de hierro hasta someterse a distintos procedimientos médicos como transfusiones de sangre o cirugías. Algunas formas de anemia se pueden prevenir comiendo una dieta saludable y variada.
  

Los síntomas

El principal síntoma de la mayoría de clases de anemia es la fatiga. Otras señales y síntomas pueden ser: debilidad; palidez, incluido el decoloramiento de los labios, encías, palmas de las manos, párpados y canales de las uñas; aceleración del ritmo cardíaco; acortamiento de la respiración; dolor en el pecho; mareos; irritabilidad; entumecimiento y frío de las manos y los pies; dolor de cabeza.

Inicialmente, la anemia puede ser moderada y no hacerse evidente, pero los síntomas aumentan de intensidad en la medida en que la enfermedad avanza.

 Causas

 

La sangre está formada tanto de células como de un líquido llamado plasma. Flotando en el plasma hay tres tipos de células sanguíneas:

Glóbulos blancos: son las células que luchan contra las infecciones.

Plaquetas: son las que ayudan a coagular después de un corte.

Glóbulos rojos: son las más abundantes de las tres. Transportan el oxígeno desde los pulmones, en el torrente sanguíneo, hasta el cerebro y a los otros órganos y tejidos. El cuerpo necesita un suministro de sangre oxigenada para funcionar pues esta ayuda a darle al cuerpo energía y a la piel su color saludable. Los glóbulos rojos contienen hemoglobina, una proteína que les permite transportar el oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo y llevar el dióxido de carbono desechado en el cuerpo hasta los pulmones para que pueda ser exhalado. La mayoría de las células sanguíneas, incluidos los glóbulos rojos, se producen normalmente en la médula ósea. El cuerpo necesita hierro y vitaminas para producir hemoglobina y glóbulos rojos.

La anemia es una enfermedad en la que el número de glóbulos rojos o de hemoglobina en ellos está por debajo de lo normal. En la persona anémica el cuerpo produce muy pocos glóbulos rojos saludables, pierde muchos de ellos o los destruye más rápido de lo que los puede remplazar. Como resultado, la sangre tiene pocos glóbulos rojos que transporten oxígeno a los tejidos y la persona se siente fatigada.

Los médicos diagnostican la anemia con la ayuda de la historia clínica del paciente, un examen físico y unos exámenes de sangre. En estos se miden los niveles de glóbulos rojos y de hemoglobina en la sangre. 

Cuándo buscar ayuda médica

Quien se siente fatigado sin razón aparente, sobre todo si reúne algunos de los factores de riesgo enunciados, debe ir donde el médico. Algunas formas de anemia, tales como la de deficiencia de hierro, son comunes. Pero no se debe asumir que la fatiga es una señal de ser anémico. La fatiga tiene muchas otras causas diferentes a la anemia.

Algunas personas se encuentran, cuando van a donar sangre, que sus niveles de hemoglobina son bajos. Esto puede ser un problema temporal que tiene un remedio fácil: comer alimentos ricos en hierro o tomar suplementos multivitamínicos que lo contengan. Sin embargo, esto también puede ser una señal de una pérdida interna de sangre que está ocasionando la deficiencia de hierro. Quienes son notificados de que no pueden donar sangre debido a bajos niveles de hemoglobina, deben preguntarle al médico si es una situación para preocuparse.

 Complicaciones

Cuando es muy severa, la anemia puede interferir con las habilidad para hacer las tareas cotidianas. La persona puede sentirse muy cansada para trabajar o jugar. Aunque la enfermedad es casi siempre tratable, puede tomar varias semanas o meses después del tratamiento lograr que los niveles de glóbulos rojos retornen a su estado normal. Es mejor preguntarle al médico qué se debe esperar del tratamiento.

Quien ha sido diagnosticado con anemia debe seguir el tratamiento completo aún cuando se empiece a sentir mejor. Si se desatiende, la enfermedad puede ocasionar desarreglos del ritmo cardíaco. El corazón de una persona anémica debe bombear más sangre para compensar el que esta lleve poco oxígeno. Esto puede ocasionar incluso un ataque cardíaco. Una anemia perniciosa (una variedad de la enfermedad causada por los bajos niveles de vitamina B12) sin tratamiento puede finalmente provocar daños nerviosos y disminuir la función mental, porque la vitamina B12 es importante no solo para tener glóbulos rojos sanos sino para el desempeño óptimo de las funciones nerviosas y cerebrales.

Con el tratamiento, muchas formas de anemia pueden ser eliminadas. La anemia por deficiencia de hierro debe desaparecer una vez que las reservas de hierro del organismo son restituidas y cualquier fuente de sangrado interno es detenida. Las anemias debidas a deficiencias vitamínicas se tratan casi siempre con éxito con suplementos. Sin embargo, la anemia perniciosa puede reaparecer si se suspenden las inyecciones de vitamina B12. Otras formas de la enfermedad son incurables, como la hereditaria, pero los síntomas pueden ser aliviados con el tratamiento.

Prevención

Muchas formas de anemia no se pueden prevenir. Sin embargo, las anemias por deficiencia de hierro o de vitaminas se pueden evitar comiendo una dieta saludable y variada que incluya alimentos ricos en hierro, folate y vitamina B12.

Las mejores fuentes de hierro son la carne de res, de cerdo y de cordero. Otras comidas ricas en hierro son los fríjoles y los guisantes, los cereales fortificados con hierro, las pastas, los vegetales de hojas verdes oscuras (como la espinaca), las frutas secas, las nueces y las semillas. Folate, y su forma sintética, el ácido fólico, se encuentra en los jugos cítricos, las frutas frescas, los vegetales, la carne, los productos lácteos, los cereales fortificados y los fríjoles. La vitamina B12 abunda en la carne y los lácteos. Las comidas que contienen vitamina C ayudan a la absorción del hierro.

Comer suficientes alimentos ricos en hierro es particularmente importante para las personas que tienen grandes requerimientos de hierro, como los niños (el hierro es necesario durante los períodos de crecimiento) y las mujeres que están menstruando o embarazadas. El consumo adecuado de hierro es crucial también para los bebés, los vegetarianos estrictos y los deportistas de alto rendimiento.

Los médicos pueden recetar suplementos de hierro o multivitamínicos a las personas que lo necesiten, pero estos suplementos son apropiados solamente cuando se necesita más hierro del que una dieta balanceada puede proveer. No se debe asumir el cansancio como una necesidad de tomar estos suplementos. Recargar el cuerpo con hierro puede ser peligroso.

 Factores de riesgo

Dieta pobre: cualquier persona, joven o vieja, cuya dieta es consistentemente baja en hierro y vitaminas, especialmente folate, está en riesgo de contraer anemia.

Desórdenes intestinales: padecer un desorden intestinal que afecte la absorción de nutrientes aumenta el riesgo de contraer anemia.

Menstruación: en general, las mujeres tienen un riesgo mayor de sufrir anemia por deficiencia de hierro que los hombres. Eso se debe a la pérdida de sangre, y el hierro que hay en ella, cada mes con la menstruación.

Embarazo: las mujeres en embarazo tienen un mayor riesgo de contraer anemia por deficiencia de hierro porque sus reservas de hierro tienen que servir al mayor volumen de sangre de la madre y ser al mismo tiempo una fuente de hemoglobina para el feto en crecimiento.

Enfermedades crónicas: cáncer, fallas de los riñones o del hígado u otras enfermedades crónicas pueden aumentar el riesgo de padecer anemia. Estas enfermedades pueden ocasionar una escasez de glóbulos rojos. La pérdida lenta y crónica de sangre por una úlcera, o por otra razón, dentro del cuerpo puede agotar las reservas de hierro y llevar a una anemia por deficiencia de hierro.

Historia familiar: los miembros de familias con antecedentes de anemia hereditaria tienen un riesgo mayor de contraer la enfermedad.

Algunas infecciones, enfermedades de la sangre, desórdenes autoinmunes, exposición a substancias químicas tóxicas y el uso de algunos medicamentos pueden afectar la producción de glóbulos rojos y ocasionar anemia. Otras personas en riesgo son las que sufren diabetes, las que tienen problemas de dependencia del alcohol (el alcohol interfiere la absorción del ácido fólico) y los vegetarianos que no consumen suficiente hierro y vitamina B12 en sus dietas.