Ritmo Cartel

Ritmo Cartel
Hip bop = jazz + hip hop + música afrolatina y mucho aire local

Esta es la historia de un grupo ausente, fugitivo, disidente. Desde su nombre ya tiene la marca de los señalados. Hablamos de Ritmo Cartel, un quinteto de hip bop (fusión de jazz y hip hop), conformado por Héctor Grajales (piano y rapeos), Edwin Marín “Gato” (batería), Christopher Bakhuis (voz y rapeos), Andrés Morales (bajo) y Mario Vega (guitarra). Una propuesta vanguardista que abrió nuevos caminos a la música local y se perdió en ellos. Un experimento que hoy paradójicamente es reconocido pero sigue inédito.
Tras los rastros del cartel
Creado desde 2004, Ritmo Cartel se conoció y conspiró con nuevos sonidos en la Escuela de Artes Débora Arango. Christopher y Héctor aportaron su historia que viene de la calle, de la salsa y el rap. Con la academia le abrieron nuevas puertas a géneros como el jazz. Se les unieron Edwin, Andrés y Mario para probar suerte en esa alquimia musical. Por culpa de ese conciliábulo, la agrupación fue considerada por sus maestros como un Cartel, y de allí tomaron su nombre.
Comenzaron grabando 3 canciones en los estudios El Pez, con la idea de cohesionar los elementos del jazz, el hip hop y la música afrolatina. Desde sus comienzos la motivación para las líricas fue la calle. Con melodías reconstruyeron hechos y personajes de la barriada. Usando un lenguaje cotidiano, y muy urbano, rescatan la identidad popular y trazan su estilo con los giros verbales del parlache. De allí surgieron las primeras señales de una antropología musical, de un ritmo que integra dos mundos: el rap, con su rudeza y su energía, y el jazz con su virtuosismo e improvisación, para crear un jazz popular con un hip hop refinado. Mezcla autóctona, algo así como un perro callejero con pedigrí.
Rimaje-dependientes y Hipboperia
El hip bop de Ritmo Cartel es un jazz clásico, confeccionado con una base de piano, bajo, batería y voces, y un hip hop que incorpora la rima y las adaptaciones armónicas. Las voces se convierten en un instrumento en el juego de la improvisación, más conocido en el argot musical como skating. Las letras y rimas se deslizan con pasos lentos en tonadas melancólicas pero llegan a velocidades vertiginosas al compás de ritmos desenfrenados.
Con estos elementos el grupo se presentó a la Convocatoria Medellín en Barcelona y pasó. Se concentraron entonces en grabar dos discos que recogieran sus facetas. Por un lado se grabó Rimaje-dependientes, con 10 temas, para mostrar sus experimentos en rap. Hecho con programaciones electrónicas, mucho trabajo vocal producto de jams (encuentros de improvisación) y temáticas urbanas, fue remasterizado en Estudios Nativo.
Y luego el trabajo Hipboperia, también con 10 temas, donde se desarrolla la fusión de jazz, hip hop y aires latinos, grabado en una sesión en vivo, el cual está en mora de edición.
Presente en el exterior
Con un tono malicioso y directo, pero profundo y fresco, Ritmo Cartel es una suerte de juglar. A través de retruécanos rescata la poética de lo urbano. Para la muestra, en octubre de 2006, en Barcelona el grupo fue catalogado como una experiencia vanguardista y arriesgada. Mal se diría que buscan llamar la atención con temas que hablan sobre drogas, mafia y delincuencia porque su retrato es diáfano. Si es irreverente es porque logra revelar cómo somos. Consecuentes con ese impulso temerario, con esa necesidad de exploración, 4 de los 5 integrantes del grupo no regresaron de Barcelona. Se quedaron en el Viejo Continente, dejando las calles que les dieron la música, y dos producciones que esperan ver la luz.
Esta reconstrucción fue posible gracias a Andrés Morales, el bajista, que regresó a continuar con proyectos personales, también musicales y vanguardistas. Mientras que los demás miembros de Ritmo Cartel, ahora tocan aires más latinos, en bares y discotecas de España con el nombre al revés, El Cartel del Ritmo, quizás como un homenaje a un asunto pendiente… Y solo así, en puntos suspensivos, puede acabar esta historia de un grupo ausente, fugitivo, disidente.