Regreso al colegio

    Regreso al colegio
    Sería de esperar que lo que va a pasar la semana entrante nos tuviera a todos saltando de alegría, empezando por los padres de familia y los estudiantes

    Quedan pocos días para cambiar la rutina familiar y retomar el ritmo de noviembre, el de acostarse temprano, madrugar, menos televisión, menos Wii (o cualquier otra cosa por el estilo), volver a los libros, a las reglas absurdas de profesores de extraña vocación -los colegios son el segundo lugar con más reglas absurdas en el planeta- a reecontrarse con los amigos del alma; en fin, quedan pocos días de vacaciones.
    Con el peso que todos le damos en el discurso a la educación, sería de esperar que lo que va a pasar la semana entrante nos tuviera a todos saltando de alegría, empezando por los padres de familia y los estudiantes. La educación como discurso político (vehículo de ascenso social, el camino para volver realidad los sueños, etcétera) siempre ha sido uno de los pilares de nuestra forma de vida, por más que en la práctica no parezca ser tan importante para muchas personas. Pero no hay gente saltando (o solo lo hacen en privado).
    Con todo lo que se viene encima, este reinicio de actividades escolares debería ser una oportunidad para que en las familias se meditara un poco acerca de lo que significa la educación, sobre el colegio en el que están los hijos, el proyecto educativo que este representa y los valores que los padres quieren que sus hijos aprendan.
    El cambio de rutina necesario representa una buena oportunidad para la reflexión, para que no se trate solo de acostarse más temprano, sino para que padres e hijos hablen de lo que esperan lograr este año mediante el sistema educativo. Los muchachos que están en el último tercio del bachillerato se hacen estas preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida, la educación, los valores, estén presentes o ausentes sus padres en la reflexión, pero sería bueno que en todas las edades y de acuerdo con los valores de cada familia, se hablara de estas cosas. Si no para qué sirve todo el discurso de la educación.
    La semana entrante habrá que volver a los pupitres, pero ese regreso debe tener un sentido claro para que lo que decimos de la educación -lo importante que decimos que es- deje de ser solo un discurso y se convierta en una herramienta que le ayude a los muchachos (y en muchos casos también a sus padres) a enfrentar las complejidades propias de crecer en la época que les tocó vivir. De otra manera se quedarán sin mecanismos para lidiar con los problemas que seguramente tendrán cuando ellos sean los adultos.