Realismo mágico y diseño

Horacio Fernández, diseñador gráfico
Realismo mágico y diseño
“Las ideas son el resultado de trabajo, mucho trabajo y disciplina”


Homenaje de la Facultad de Diseño de la UPB a los profesores fundadores

Por Saúl Álvarez Lara
Las coincidencias están al inicio de las historias. Para Horacio Fernández, diseñador gráfico, las coincidencias lo pusieron en el camino de la historia que vive hoy. La primera, la escuchó en tercero de primaria. Un profesor dijo en clase que el ataúd de Mahoma estaba en la casa de Ayesha, al lado de la mezquita llamada la Santa Casa, sostenido en el aire por imanes. A pesar de que la historia no es fiel, el poder de los imanes y su magia quedaron grabados en la memoria de Horacio, quien algunos años después, cuando pasaba con su papá por Palacé entre San Juan y Maturín, alcanzaba a ver un letrero que ratificaba la magia: Bar El Imán. Atrae con fuerza a los hombres con dinero.

Convencido de su vocación, al terminar estudios de bachillerato entró al seminario jesuita pero fue expulsado; pasó entonces a la Universidad Eafit donde cursó cinco semestres de Administración y Finanzas, pero tampoco se sintió a gusto. Un primo le sugirió entonces estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá (en Medellín no existía tal carrera, lo que había era un Instituto de Arte y Decorado para jovencitas), le pareció buena idea y a comienzos de los años setenta se fue para Bogotá, encontró su camino y se cruzó de nuevo con los imanes. Quizá fue el pasaje de Cien años de soledad donde Melquíades arrastra con sus hierros mágicos ollas, cacerolas, clavos y cuanto objeto de metal se encuentra cerca, o el recuerdo de los que sostenían el ataúd de Mahoma, o del bar aquel; lo cierto es que los imanes reaparecieron en su trabajo de diseñador y fueron parte esencial de su tesis de grado, laureada como “Meritoria”, en 1975.

Foto cortesía
Foto cortesía

“Llevo más de cuarenta años dedicado al diseño”, dice Horacio mientras prepara un café que, me advierte, será fuerte como a él le gusta -y también a mí-. “Fui uno de los once profesores que fundaron la Facultad de Diseño de la Bolivariana, recuerdo que éramos diez artistas plásticos y un diseñador, ese era yo”.

Desde 1975 Horacio ha sido diseñador gráfico, por supuesto buena parte de sus proyectos se han desarrollado en planos bidimensionales; sin embargo, los objetos tridimensionales, el volumen y sobre todo los imanes rondaron siempre cerca. Fue así como una noche en su taller, mientras elaboraba formas en el papel, tuvo la idea de ampliar el interior de una cuchilla de afeitar Gillette, la recortó en madera con una caladora, la inclinó quince grados, la sacó de su contexto y dio vida a una de sus piezas más reconocidas. Fueron años de búsqueda y trabajo. Horacio no cree que las ideas sean espontáneas, “son el resultado de trabajo, mucho trabajo y disciplina.”

La búsqueda de las formas, los materiales y sus aplicaciones en la vida diaria lo llevaron a crear una empresa donde diseñaba sillines de motocicleta para fabricar en poliuretano y también juguetes didácticos en los que la intervención de imanes era fundamental. En ese trabajo, registrado en bocetos a lápiz que conserva en carpetas en su estudio de diseñador, dio forma a unos objetos que consideró mágicos. Y es entonces cuando aparece la coincidencia con Melquíades y el realismo mágico. Esos objetos, mágicos a la vista, debían tener un punto de origen, una empresa, y qué mejor nombre que Macondo. Pero estaba registrado. Su imaginación creativa salió a relucir y registró el nombre de Aracataca, como el lugar de nacimiento del nobel y también de sus objetos mágicos. “Si el realismo mágico fuera magia no valdría la pena. El realismo mágico es una situación cotidiana que narrada se vuelve fantástica”, ha dicho recientemente un reconocido escritor. El trabajo de Horacio Fernández permite que dos objetos cotidianos, un lápiz (el objeto mágico) y un horno microondas, o un vidrio, o una mesa, al unirse, hagan una composición fantástica. Dos objetos reales que crean un resultado mágico. ¿Cómo pasa ese lápiz a través del horno?, ¿cómo pasa sin romper el vidrio?

Con su empresa Aracataca, Horacio fue invitado a la Feria del Juguete de New York donde uno de sus productos quedó clasificado como uno de los cinco mejores objetos. Mucho trabajo le espera, la creación de nuevos ejemplos y variaciones de su realismo mágico está en curso; la búsqueda de recursos, de contactos dentro y fuera del país son una tarea importante; “sin embargo -dice Horacio-, con el apoyo de mi hijo Sebastián, quien siempre ha creído en Aracataca, lo lograré”. Las nuevas versiones de sus objetos mágicos, seguramente nos sorprenderán. www.aracataca.com