Razones para una campaña

     

    Razones para una campaña
     
    Lo peligroso no es la moto, es la imprudencia
     

    Hablar de accidentalidad en esta época de proximidad al período de vacaciones de fin de año puede ser visto por algunos como un comentario de aguafiestas para poner la nota amarga a un momento que debería ser de plena alegría. Pensamos que por el contrario, momentos como estos, tan dados a los excesos, a la alegría que conduce al irrespeto de normas y horarios, es un buen momento para traer a colación dos temas que están íntimamente ligados. El aumento desmedido de los quemados por uso de pólvora y el aumento alarmante de la accidentalidad vial, especialmente de la que está vinculada con las motocicletas.

    Aparentemente estos dos temas no tienen nada en común. Efectivamente, así es. Pero algo los une y es ese constante llamando a la cordura que se ha hecho desde hace mucho tiempo para que no se queme pólvora o para ser responsable a la hora de conducir un vehículo. Los efectos de un accidente con cualquiera de las dos son evidentes y en su mayoría conocidos por quienes los causan. Sin embargo, de manera consciente y sabiendo lo que va a pasar, hay conductores de motos que se niegan a usar el casco, conducen embriagados, llevan menores de edad como parrilleros o zigzaguean por las calles atestadas de vehículos. Tal cual un fanático de la pólvora le entrega un chorrillo, una pila, un tote a un niño de seis años para que se divierta.

    No son los únicos casos, ni estamos hablando de que la moto no cumple un papel muy importante en la movilidad de muchas personas. Estamos hablando de una responsabilidad que muchos le achacan exclusivamente al Estado para la educación de estos testarudos (que muchas veces demuestran que no eran tan cabeciduros, especialmente contra el pavimento) que se obstinan por saltarse las normas y en la que tanto Estado, como comerciantes de estos vehículos y usuarios están unidos.

    Las cifras son contundentes y van en crecimiento. Casi tres muertos por día en accidentes de motos deberían llamar a reflexionar a todos pues el problema ya dejó de ser anecdótico para convertirse en tema de salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud cada año más de 50 millones de personas sufren lesiones que, en algunos casos, incapacitan de por vida. Según datos de la Secretaría de Tránsito de Medellín en 2005 se vendieron 22.140 motocicletas y para 2006 se estima que la cifra sea de 66.500 motos nuevas que entrarán a circular por estas calles donde se calcula que hay unas 220 mil motos. Según las propias cifras del Fondo de Prevención Vial el incremento de la accidentalidad en Colombia de 2005 a 2006 es del 10%, lo cual demuestra a las claras que hay algo que está fallando y no es la economía, eso sí.

    ¿Las causas? Una muy importante, los motociclistas no son conscientes de los peligros de andar en moto. No hay escuelas verdaderamente capacitadas para educar a los conductores y no hay normas que exijan conocimientos idóneos tanto de la pericia para conducir esos vehículos como para conocer las normas de tránsito. Sumado a un Estado tímido a la hora de hacer cumplir las pocas normas que hay.

    Muchas veces es el ejemplo, el mal ejemplo de agentes de la Policía, agentes del Tránsito o guardaespaldas de importantes funcionarios públicos los que contradicen todo el discurso de prevención y responsabilidad que se le pide a los ciudadanos. Es hora de que le pongamos coto a esto, no podemos con más muertos y por eso nuestra invitación no es la de un aguafiestas, sino al contrario, es de quien quiere que la fiesta tenga un final feliz. Es hora de legislar pero, especialmente, es el momento de que la Secretaría de Educación y la de Tránsito tomen el tema en serio.

    Esta fue la motivación para esta campaña cívica que hoy invitamos a compartir con una serie de avisos diseñados por La Tienda Creativa: lo peligroso no es la moto, lo peligroso es la imprudencia al manejarla. Todo conductor de una moto debería tener en la mente siempre que es su cabeza la que soportará el golpe, por lo mismo, debería cuidarla.

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