Raíces, por el futuro de lo nuestro

“En el contexto de globalización en el que crecemos los jóvenes, vemos que siempre estamos consumiendo información, cultura, modas, estilos que nos llegan de otras partes y no nos damos cuenta de que nuestra cultura también tiene algo para dar”

Mariana Duque, Sofía Sánchez, Andrea Henao y Sara Zuluaga

Cuatro chicas que han crecido con las artes, impulsan un proyecto para conocer la música colombiana, desde donde es debido: sus raíces. Durante la Semana de la Juventud, que la ciudad celebró recientemente, las jóvenes que participaron por El Poblado, recibieron un reconocimiento. El 12 de agosto en el Teatro Pablo Tobón, Sara Zuluaga, Mariana Duque, Andrea Henao y Sofía Sánchez se llevaron el primer puesto en la categoría Arte y Cultura de la convocatoria Jóvenes Destacados.

La iniciativa de la convocatoria es un estímulo para los jóvenes que trabajan por el bien común de sus barrios y que buscan una transformación social. El proyecto de las jóvenes de El Poblado cumplió este cometido. “Queremos generar conciencia de la importancia de rescatar las tradiciones colombianas desde la música”, expresa Sara Zuluaga.

<<<< El proyecto ganó el primer puesto en la categoría Arte y Cultura, en la convocatoria Jóvenes Destacados, en representación de El Poblado

Raíces es un proyecto cultural y social que busca que los jóvenes tengan una mayor acogida e interés por los diferentes géneros musicales del país. Esto lo quieren lograr buscando los espacios, las herramientas y los expertos para hacer actividades y capacitaciones alrededor de este tema.

Así son
Sara Zuluaga, de 19 años, estudia Música en Eafit y participa en varios proyectos artísticos de la ciudad. Hace parte del nuevo proyecto Gómez Palacio, del solista Federico Gómez. Al igual que a sus compañeras, le gusta la percusión. Su especialidad es la batería y este año ha querido expandir sus posibilidades con la melodía de la marimba.

Mariana Duque, de 19 años, es estudiante de Derecho y Ciencias Políticas de la UPB y siempre le ha gustado tocar la batería. Lo hace como hobby en la academia Art Music y a la vez une la música a sus proyectos académicos.

Andrea Henao, de 18 años, estudia Música en Eafit. Otra amante de la batería, desde que tenía nueve años. Sus vacaciones del colegio las pasaba en clases de este instrumento. Por estos días aprende sobre percusión latina con el percusionista Cristian Valderrama (de Maité Hontelé) y aprende sobre géneros colombianos.

Sofía Sanchéz, de 16 años, es la niña dulce y clásica. Cursa el grado 11 en el Instituto Musical Diego Echavarría. Toca violín y piano, canta en el coro del colegio, baila ballet y danza contemporánea. Quiere estudiar Administración de Empresas, porque en la ciudad no tiene la opción de estudiar Administración Artística, que es su sueño.

Las raíces de un proyecto
¿Y por qué les preocupa que los jóvenes no estén conectados con la música colombiana? “Porque nos dimos cuenta de que las oportunidades de nuestra música son muy pocas. Es una cuestión de conciencia. En el contexto de globalización en el que crecemos los jóvenes, vemos que siempre estamos consumiendo información, cultura, modas, estilos que nos llegan de otras partes y no nos damos cuenta de que nuestra cultura también tiene algo para dar. Queremos conocer eso que tenemos para poder mostrárselo a otros y que finalmente sí se dé ese flujo de cultura desde la música”, expresa Manuela Duque.

Las chicas se conocieron en 2013 en un campamento. Uno de los que realiza la Corporación Kairos para promover la formación de jóvenes de alto potencial. La idea que se dio en ese espacio de creación se fortaleció a principios de 2015, con la motivación por participar en Oviedo es Música.

Cada una tiene empatía con un instrumento, pero esta vez no participaban para tocar, sino para poner en acción sus ideas. Con la ayuda de estudiantes de la Universidad de Antioquia, lograron capacitar jóvenes para que aprendieran sobre música colombiana. De allí surgieron dos ensambles que se presentaron en los conciertos del evento.

Su más reciente actividad fue la charla Cultura, arte y ciudadanía, en la Casa de la Cultura de El Poblado, que pretendía generar reflexión sobre la importancia de la apropiación cultural en la realidad colombiana. Uno de sus propósitos es dirigirse no solo a los jóvenes que saben de música, sino llegar a las raíces también desde la academia, el baile, el arte y la literatura. Entre sus actividades futuras están una intervención artística con el proyecto Yo creo, una clase maestra y cerrar el año con un pequeño festival que reúna lo que han realizado.

La indagación por lo colombiano, casualmente, lo exploraba Sara Zuluaga en su trabajo de grado del colegio. En este se preguntaba: “¿Podría un árbol sin raíces resistir la tormenta?”. De allí se dio la metáfora en donde Colombia era el árbol, la tradición, las raíces, y el conflicto interno, la tormenta. Su investigación recorrió el país, desde el Descubrimiento de América, la Conquista, la Violencia, y descubrió que la memoria es un vínculo muy importante para construir sociedades. “En Colombia ese vínculo lo tenemos muy aporreado porque la historia nunca se nos ha contado como es”, agrega.

Este ha sido uno de los fundamentos teóricos de su proyecto. Según Sara, “tiene un aire político. Yo creo que para que Colombia pueda ser ese país que soñamos, tenemos que conocernos. Si no conocemos nuestras raíces culturales, no podemos tener un país sólido, una democracia que funcione. No podemos recibir todo de afuera si no conocemos desde adentro”.