Por correlones, más de 700 fueron multados

 
 
     
 
Entre el 1 de agosto, fecha en que llegaron a Medellín los cinco nuevos radares para controlar el exceso de velocidad, y el 10 de octubre, los agentes de tránsito en la Ciudad impusieron 754 comparendos. “Aunque el sistema de radares lleva varios años en Medellín, los que había estaban obsoletos”, dice el Comandante Superior de Tránsito, Luis Carlos Jaramillo, “Nosotros salíamos a hacer un operativo con esos radares y se nos descalibraban, no tenían la impresora, por eso dejamos de hacer controles”. Ahora, con tecnología moderna, el objetivo del Municipio es reducir la accidentalidad mediante la vigilancia a las altas velocidades, una de sus principales causas.
Según en Tránsito, entre los sitios donde más se violan los límites de velocidad están la carrera 65, en Castilla, en inmediaciones del Parque Juanes de la Paz; en Carabobo, cerca al Parque Explora; en los alrededores del estadio Atanasio Girardot, tanto en la carrera 70, como en la calle Pichincha y la carrera 74, frente al Obelisco; y en El Poblado, en áreas aledañas a los colegios. Claro que no se escapan las calles 30 y 33, así como la Avenida Guayabal, pues avenidas como Las Vegas y El Poblado, dada su congestión casi que permanente, no permiten desarrollar velocidades superiores a las permitidas, que en zona urbana es, máximo, de 60 kilómetros por hora. Los mayores infractores, en materia de velocidad, son los motociclistas, pero, curiosamente, no los de aparatos de alto cilindraje sino de motos pequeñas. Los siguen los vehículos particulares y luego el transporte público, es decir, buses, busetas, taxis, colectivos y servicios escolares y especiales.

No peque por ignorancia
Quizás el alto número de sanciones que se han impartido con los nuevos radares obedece, en parte, a que muchos ciudadanos desconocen que la velocidad permitida varía según el área. Por ejemplo, en barrios netamente residenciales, cerca a instituciones educativas y alrededor de unidades deportivas, no se puede manejar a más de 30, 40 ó 50 kilómetros por hora, según lo determine la Alcaldía. Todo lo contrario ocurre en carreteras como Las Palmas, donde el límite es de 80 kilómetros por hora, y podría ser hasta 120, siempre y cuando esté explícito en un letrero, con excepción del transporte público que en ningún caso puede exceder los 60 kilómetros por hora. No sobra recordar que quien infringe la norma de límites de velocidad, además de poner en peligro su vida y la de otros, incurre en multas de $231.000, cifra que se multiplica por dos si no se acude al Tránsito durante los tres primeros días hábiles, así sea sólo para reportarse y acordar un pago por plazos. Claro que hay una salvedad: estas áreas deben estar debidamente señalizadas, es decir, con avisos que indiquen cuál es el límite de velocidad. De lo contrario, no puede hacerse un comparendo y quien sea informado tiene derecho a refutar la sanción. A decir verdad, es el único caso referente a supuestos excesos de velocidad que tiene posibilidades reales de ganar un conductor en Medellín, pues desde que entraron en funcionamiento los nuevos radares digitales, su precisión no deja lugar a dudas.

A prueba de mentiras
Es muy difícil, por no decir imposible, alegar y, lo más importante, demostrar que se iba a una velocidad inferior a la señalada por un radar de alta tecnología. “Son muy exactos porque tienen un seguimiento constante y un ingeniero los calibra todos los días para que no se presente ninguna inconsistencia en cuanto a lo que muestran en la pantalla”, afirma el comandante Jaramillo.
Cada uno de los cinco radares, que tienen un alcance de dos kilómetros y costaron en total 55 millones de pesos, posee una impresora, para dejar constancia en forma instantánea de la medición que sale en la pantalla. El único argumento que podría esgrimir un conductor inconforme es que el medidor de su carro estaba malo, pero sería contraproducente pues su deber es tener el vehículo en condiciones óptimas. “A diferencia de los que teníamos, los radares nuevos permiten controlar las motos, imprimen la velocidad a la cual viene el vehículo, la hora en que ocurre el caso y la dirección del lugar”, manifiesta el agente Óscar Rodríguez mientras realiza un operativo acompañado por otra agente, pues los radares se utilizan en parejas. “El radar nos coge los vehículos por la parte de atrás, no solo por delante como los que teníamos antes. Por ejemplo, si vamos en moto, mientras yo conduzco ella apunta el radar a un vehículo que pasa en el mismo sentido”.
Actualmente, la Secretaría de Tránsito adelanta operativos relámpago en zonas donde la ciudadanía denuncia que se violan los límites de velocidad. Los controles se realizan los siete días de la semana, entre 6:00 am 6:30 pm, mas no en horas nocturnas, pues, como explica el Comandante Superior Luis Carlos Jaramillo, las luces que emiten los radares podrían encandilar a un conductor y generar un accidente.