“Por aquí a todos les gusta el porro”

De loma en loma se revive la tradición musical que en las fincas dejaron los viejos


Muchos de los habitantes que crecieron en las fincas de las lomas de El Poblado se acostumbraron a comer sancocho, a correr detrás de vacas, a coger mangos y guayabas, a elevar globos, a jugar en el árbol de la iglesia de San José y a ser cuidados por las monjitas del Palermo. Así mismo, a muchos se les pegó lo de oír porro. Los muchachitos crecieron oyéndolos en los tocadiscos y luego en las radiolas de sus casas. Sonaban, sobre, todo en diciembre, y abuelos, padres, tíos, vecinos y mayordomos celebraban y bailaban. “Es la tradición que nos dejaron los viejos”, dice cualquiera al que se le pregunte por el porro en la comuna 14. 

Otros hablan de la descendencia de los esclavos negros que dejaron en estas tierras sus raíces caribeñas y de cómo el porro era propio de las becerradas en el bajo Cauca. Dicen que hasta gusta más el porro en Antioquia que en la misma Costa y que las mejores orquestas como Billo’s Caracas Boys no faltaban en los salones del Club Campestre, el Club Medellín y el Club Unión.

El pasado 14 de marzo se realizó el primer Festival de Porro en el Parque de El Poblado en honor a esa memoria que une a tantos oriundos de la montaña. La gente bajó de El Tesoro La Y, El Tesoro La Virgen, El Garabato, El Chispero, La Chacona, San Lucas, Los Balsos, Los González, Los Parra, y como antaño, se encontraron con los habitantes de Poblado Centro y Manila. Desde las 6 pm hasta las 12 am, se bailó, comió y bebió aguardiente, al son de las orquestas la Banda Pelayera Fiesta, La Bandita, Los Sabaneros del Molino (de la comuna 14), Ramón Paniagua y su Combo Azul y La Súper Orquesta Los Núñez.


Raúl Calle, Sergio Sepúlveda y Luis Alfredo Sepúlveda

Pirulo y La Súper Orquesta
El homenaje fue para Gustavo Velásquez, “Pirulo”, nacido en 1935 y criado a una cuadra del Parque de El Poblado, sobre la calle 9 y al frente del Colegio Palermo. Su casa es la de la puertica roja, en donde aún está su tienda. Lo recuerdan por unir a personajes de orquestas reconocidas de la ciudad como Los Hispanos, Los Núñez y Los Black Stars y a músicos como Edmundo Arias y Carlos Martello. Quienes pasaban por allí podían oír la parranda de los más de 20 músicos que ensayaban y comían sancocho, todos los lunes, en el solar de su casa. Su primera orquesta fue el Combo Borinquen, en los años 60, y en 1997 creó, junto a Jairo Díaz, La Súper Orquesta, con la que grabó su único disco en el 2000. Esta se terminó hace más de dos años, cuando a Pirulo le tuvieron que poner un marcapasos. Entre las canciones, la más recordada es El dentista loco, compuesta por Saúl Orrego, quien le cantó a un personaje de la calle 9: “En la calle caliente, que la llaman El Frito, el doctor Castañete prepara su gatillo. A Humberto que es miedoso, le sacaba los dientes y por cada muela, un trago de aguardiente…”, la revive Pirulo cantando.

Gustavo Velásquez “Pirulo”
Manuel Esteban Cano “Tuly”

Pirulí era el nombre de un caballo que le gustaba al padre de Pirulo y como Gustavo era chiquito y juguetón, un día su padre dijo: “Este se parece a Pirulí”, cuenta entre risas. Pero ya grande se quedó “Pirulo” y en el momento que pasaba un señor vendiendo pirulitos dulces insertados en una barra, a él le decían: “¡Pirulo ahí vas montado!”. A los que tocaban con él los llamaban “Los pirulos”, y en la década del 70, cuando subían caminando por los rieles de las lomas a celebrar las vísperas de un matrimonio, las señoras gritaban: “¡Ahí viene La Jazz!” (para decir orquesta).

La primera canción que le gustó, La Buchaca, interpretada por Eduardo Armani, la oyó en una cantina en la calle 9 con carrera 43B. Allí había un traganíquel y como no podía entrar por ser menor de edad, le daba a alguien 10 centavos para que se la pusieran.
Pirulo tocó instrumentos de percusión y el saxofón, pero dice que no fue un gran saxofonista, “por sin vergüenza y toma trago”.

Eso del porro es contagioso
Las primeras fiestas de porro fueron en la casa de Luis Eduardo Calle, el papá de Raúl Calle, en la loma de Los González, por el sector El Morro. La llamaron “La Casa del Ritmo” y había baile cada ocho días. “Prendía el equipo un viernes a las 11 am y lo apagaba al lunes, cuando éramos solo nosotros en estas mangas y no había policía, ni ricos que les estorbara la bulla”, cuenta Raúl. Entre amigos se prestaban el equipo, los bafles, el amplificador y si se podía aumentaban la potencia. Pero bailes se encontraban en todas las lomas y hasta tres el mismo día. Donde Francisco Gaviria, “Kiko Tabaco”, en El Chispero; donde Pedro García, en Los Parra; donde la familia Montoya, “Los Sastres”, en Los González; donde Manuel Esteban Cano, “Tuly”, en El Hoyo… y Guillermo Franco, “Memo parranda”, de El Garabato, era el que alquilaba el equipo y el sonido para casi todas. En Manila estaba la familia Vasco, “Los Loro”, y en Poblado Centro estaban Pirulo y su primo, el trompetista Hernán Calle, que iban a tocar a las lomas. También se daban fiestas de personas adineradas en la finca El Hormigón, sobre la Transversal Inferior, con orquestas increíbles.

Sergio Sepúlveda, que vive cerca de Raúl Calle, apenas oía que este prendía el equipo, se vestía, se echaba loción y “pa’ arriba”. Se tomaban los “aguardienticos” y a medida que se entonaban, el volumen subía. Cuando menos pensaban, el corredor de la casa estaba lleno y no había ni por donde pasar. Sin falta sonaban los discos de Pedro Laza y sus Pelayeros, Peyo Torres y sus Diablos del Ritmo, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, La Sonora Cordobesa, La Orquesta Sonolux, los Corraleros de Majagual. Luego se prendía el baile. “Hay gente que daba vueltas y vueltas y eso no sabían qué hacer con la pareja. No, no, el porro tradicional es el que se baila marcando el paso”, reniega Calle, quien se considera un buen bailarín.

Por su parte, Sergio Sepúlveda, “Sergio Suko”, cogió fama por su tremenda colección de 750 discos que comenzó a recopilar desde 1983. Luis Alfredo “El Panadero” o “Nonono”, como le dicen a su hermano, se aparecía en la casa con lo que denominaban “las joyas”. Cambiaba discos con otros porreros o los compraba “carito”. Por alguno que fuera escaso daba 20 mil en vez de 12 mil pesos. Cuando logró tener muchos LP y un equipo, lo llamaban para las fiestas. Incluso se dio cuenta de que tenía el LP grabado por Pirulo, que ni él lo tiene, pero no, no se lo vende. De todos los discos que lo emocionan están A Gozá, de Pedro Laza y sus Pelayeros; Chispiando Candela, de Los Piratas de San Felipe; Mírame, de Simón Mendoza y su Cordobesa; y Música de Colección, de Alex Acosta. Quisiera tener Dorada en Cartagena, de Pedro Salcedo.

Pero aunque las épocas cambian, en la comuna 14 el porro no muere. Venga en diciembre o un seis de reyes, y en Los González encuentra donde bailar. “Es tan contagioso, que usted sale un domingo y de aquí pa’ abajo, por las lomas, escucha porros. Hay gente que le gusta solo por la bulla, pero uno lo lleva en el corazón”, expresa “Suko”, con la mano en el pecho.
 

El Long Play del testamento de Bolívar


Manuel Esteban Cano vive en El Hoyo y es otro coleccionista, a quien llaman “Tuly” por el futbolista Ruud Gullit, apodado “El Tulipán Negro”. De joven le gustó la salsa por unos caleños con quienes trabajó en construcción, pero “por aquí en estas lomas a todos les gusta el porro y me lo fueron metiendo”, cuenta Tuly. Con Raúl Calle y “Memo Parranda”, compraba discos en el pasaje La Bastilla y donde los coleccionistas, cerca del Teatro Granada, en el centro de la ciudad. También heredó los de su padre, su suegro y su cuñado y todavía en época decembrina, busca más. Hace poco, dentro del LP Estampas Musicales de Santa Marta 450 años, que en la carátula lleva la firma de César Barco V. –hermano del expresidente Virgilio Barco según dice Tuly–, se encontró “el último testamento de Simón Bolívar que es de 1831”, cuenta sorprendido. Dice que una coleccionista de antigüedades y personas en Venezuela que han investigado el asunto le aseguran que es original. Ahora espera que en el vecino país alguien le dé una grata suma por él.