Ponis para llevar

 
 
Publicado en la edición 399, 4 octubre de 2009
 
     
 
Ponis para llevar
 
     
 
De un tiempo a la fecha la venta de animales ha regresado a La 10, si es que acaso alguna vez se fue. Muchos lectores habrán podido observar en medio de los agobiantes tacos de la tarde a un muchacho parado con un poni. No lo ofrece, no dice nada, solo se para por ahí con él, como si nada estuviera pasando; sin embargo, cualquier observador atento habrá notado que no siempre es el mismo poni, lo que nos lleva a pensar que quizás, solo quizás, y corremos el riesgo de que se nos tilde de malpensados, quizás no son de él, quizás hay una persona más poderosa dueña de esos animalitos, quizás este muchacho solo los está vendiendo, quizás él solo sea un empleado. Algo parecido puede ser lo que sucede con un par de muchachos que cargan unos cachorros de bóxer por los lados del parque, ante la actitud desinteresada y apática de los policías que charlan dentro del CAI. Y ni se diga de los vendedores de discos con películas de estreno en los cines, pornografía casera e industrial y otras cosas. Esa es La 10 que siempre hemos conocido, a la que no afectan la acción estatal con sus mimos y sus campañas (contra el comercio ilegal de fauna, contra la copia ilegal de películas, música y libros, para mejorar la movilidad y la seguridad vial, por la cultura ciudadana y muchas otras).
Y a eso hay que sumarle el horror que es recorrerla a casi a cualquier hora, y no en carro, en el que al menos se pueden subir las ventanas, poner el aire acondicionado y oír un poco de música para aislarse de lo que ocurre afuera, sino recorrerla caminando. Es tanta la contaminación ambiental que en una simple caminada desde el Éxito hasta el parque, el caminante llega con la cara tiznada, los ojos rojos, la ropa sucia y la rinitis alborotada. Claro, hablamos de un caminante joven y en plena forma física. Los niños y los mayores deben pasarla mucho peor.
Nadie podría negar que esa es La 10. Podría decirse sí, que Medellín, es mucho más que eso, pero para quien no vive aquí, solo está de paso y no se ha acostumbrado a las cosas con las que nosotros vivimos, este panorama puede parecerle aterrador. Debemos reconocer que existe la posibilidad de otra mirada sobre nuestra ciudad, que lo que a nosotros, Estado y ciudadanos, nos parece normal, no es más que cosas a las que nos hemos acostumbrado, pero que brincan a los ojos de personas que vienen de otras sociedades. La contaminación que estamos viviendo en Medellín es alarmante y otras cosas que también pasan en nuestras calles, como la prostitución infantil o la venta de drogas, no son problemas menores que se oculten detrás de todas las cosas buenas que tenemos y somos. Algo de esa mirada no nos cae mal para ver si algún día nos atrevemos a ponerle remedio a nuestros problemas.